El papel de la psicología en el sistema educativo salvadoreño.

La psicología de la educación se define como la rama de la psicología que estudia la enseñanza y aprendizaje en ambientes educativos (Santrock, 2006). Según el artículo 20 de la Ley de Ejercicio de la Profesión en Psicología* (Junta de Vigilancia de la Profesión en Psicología, 1995), el psicólogo/a en al área escolar puede desarrollar estas actividades:

a) diseñar y ejecutar investigaciones relacionadas con aspectos psicológicos que inciden en el proceso educativo.
b) crear y desarrollar programas de orientación psicológica, con el fin de favorecer el desarrollo y la conservación de la salud mental en la comunidad educativa, incorporando al grupo familiar.
c) crear y desarrollar programas de orientación vocacional y profesional concomitantes al proceso educativo.
d) participar en equipos multidisciplinarios que promuevan y sostengan el desarrollo integral y la salud mental del educando.
e) contribuir en la elaboración y ejecución de programas y proyectos de educación a nivel general.
f) otras actividades que a juicio de la Junta se considere pertinentes.

El papel del psicólogo en el sistema educativo salvadoreño se ha hecho a un lado. En el sistema de las escuelas públicas, no es parte del programa regular contar con el apoyo de psicólogos y psicólogas. A excepción de algunas instituciones, en la que profesionales de este gremio apoyan a niños y niñas con necesidades especiales, los valiosos aportes que podrían hacerse desde la psicología, en la educación, parecen ser prescindibles.

Tradicionalmente, el trabajo del o la profesional suele reducirse al de detectar, disminuir o, en el mejor de los casos, erradicar un problema que presenta el o la estudiante, en tanto se interponga en su rendimiento académico, o en las relaciones con sus pares. Esto es, la atención se centra casi exclusivamente en el o la estudiante. Para De Salomone y Nieto (2005, p. I), “no se debe acusar a la niñez como única responsable de las dificultades de aprendizaje”, porque, eliminando las razones orgánicas, muchas veces tras estas dificultades hay factores sociofamiliares, de conducción del proceso de aprendizaje, y del desconocimiento de las prácticas educativas. En este sentido, las intervenciones deben abarcar no sólo a los educandos/as, también al contexto pedagógico y familiar en el que se encuentre. Y no sólo deben ser intervenciones paliativas, sino también preventivas.

A partir de la Reforma de 1997, el MINED impulsa, año con año, una gran cantidad de proyectos dirigidos a contribuir al desarrollo integral de los niños y niñas y a mejorar la calidad de la educación en el sector público. Plan Nacional 2021 es uno de los más grandes proyectos del sistema educativo. Sin embargo, es muy difícil dar un balance de la efectividad y calidad de los mismos. Actualmente uno de los principales problemas no es la falta de programas sino la forma de llevarlos a cabo: no se da la preparación ni la capacitación necesaria, no hay seguimiento ni evaluación. La mayoría de los proyectos quedan solo en lineamientos teóricos y no por falta de financiamiento económico, porque anualmente se invierten millones de dólares en educación (revistas, folletos, material, etc.). El problema es que los fondos nunca se dirigen a capacitación de personal humano. “El proceso de calidad humana falta que se cultive” (De Salomone y Nieto, p. III). El sistema educativo no cuenta con personal suficientemente preparado para atender las necesidades de lo educandos.

El MINED no contempla la participación de los psicólogos/as en sus programas. Por ejemplo, se conoció de primera mano el caso del Centro Escolar Cantón Milingo, en Ciudad Delgado. Esta escuela está designada por el MINED como “Escuela Modelo”, que quiere decir que ahí se llevan a cabo pruebas piloto de proyectos, y por ende, se hace mayor inversión en ellas. Pero esto no se traduce en la calidad de la educación brindada. Las aulas de apoyo, para estudiantes con problemas de aprendizaje, se convierten en aulas de castigo: las maestras envían a aquellos niños/as que le “estorban” en el aula. Quienes están a cargo de estas aulas son maestras con poca preparación para hacerle frente a estas dificultades. Además, el MINED envía material para talleres, charlas y otros tipos de abordaje a temas especiales; pero este material se queda sin ser aplicado, porque no hay nadie que esté capacitado/a para manejarlo, y para transmitir esta información.

Sobre esto último, el MINED ha delegado partes importantes de su quehacer a otras instancias. En el Centro Escolar de Milingo, los/as profesores/as no tienen autorización para abordar temas como sexualidad y abuso de drogas. Esta tarea ha sido delegada a la Secretaría Nacional de la Juventud y a iglesias, que tienen una aproximación muy conservadora y poco pedagógica de dichos temas.

Ante todo, el psicólogo/a debe trabajar en conjunto con docentes y otro personal de la institución, más allá de sólo identificar áreas problemáticas; es importante impulsar aspectos positivos, tanto en el área académica (diversas actividades, acordes a la edad y a objetivos) como humana (formación en valores). Como deja en claro el punto D de las actividades a realizar por el psicólogo/a educativo/a, la formación de equipos multidisciplinares permiten abordar de modo integral los problemas, y promover las fortalezas encontradas en el aula. Toda intervención, paliativa o preventiva, que desarrolla el/la profesional en psicología debe tener como eje transversal el trabajo en conjunto con maestros/as y padres y madres. Por ejemplo, en el área de disciplina, el manejo de refuerzo y castigo por parte del personal docente no es adecuado. Se requiere un psicólogo/a que diseñe un plan de contingencia conforme a las necesidades individuales y grupales; aquí entra en juego toda la información que el/la maestra/o y los padres y madres puedan brindar, puesto que es en estos dos ambientes donde el niño o niña se desenvuelve frecuentemente, y estos son los adultos que están en constante contacto con él/ella.

El conocimiento del psicólogo/a sobre el desarrollo humano debe ser puesto al servicio de la creación de currículos académicos adecuados. Y esto no sólo en cuanto al contenido, también a la forma de presentarlo. Cada edad requiere la estimulación y potenciación de distintas habilidades, y por ende, la realización de actividades acordes a ellas. La metodología educativa en la que al alumno se le dicta lo que debe aprender, y luego se le evalúa en base a qué tanto ha memorizado de ello, no fomenta el crecimiento intelectual y personal del niño o niña, puesto que no se le permite construir un conocimiento que le sea significativo. Esta consideración –si es que se toma en cuenta- se aplica solamente en los primeros grados. Los y las estudiantes de tercer ciclo y bachillerato también requieren estimulación, pero esta necesidad debe cubrirse con otro tipo de intervenciones. Además, el psicólogo/a debe orientar a maestros/as y padres/madres en cuanto a qué esperar de los niños/as, según la edad en que se encuentren.

En El Salvador, la figura del o la psicóloga es poco visible, aún cuando sí existan esfuerzos por incidir en el sistema educativo. A través del tiempo, se han publicado libros de texto, manuales y folletos con respaldo científico, dirigidos a la docencia; algunos ejemplos son las publicaciones de Dinora de Mariño, sobre estimulación temprana; Ana de los Ángeles de Salomone, sobre Psicología Educacional, y Marina Rodríguez de Quezada, sobre Educación de los Hijos (de Orellana, 2005). Sandra Interiano (2006, p. 16), psicóloga infantil salvadoreña, escribe una reflexión sobre el estado de la niñez del país en cuanto a la educación, ante lo que propone atacar las concepciones inmediatistas y presionar por el cumplimiento de las leyes competentes:

En su relato me enteré de que su esfuerzo es de todo el día, sin espacio para ir a la escuela (…) recibe en esas monedas un refuerzo diario para no acercarse a la escuela, ya que no encuentra en esta última la oportunidad de aportar $5 a la economía de su familia. Garabatear letras en un papel, descifrar palabras y aprender cómo funciona el sistema digestivo difícilmente pondrán pan en su mesa…hoy. Y ahí surge la frustración, ya que el acceso al sistema educativo es la puerta de entrada para que esta niña y sus colegas en Latinoamérica, África, Asia, puedan poner pan en la mesa…mañana.

Si bien lo que aquí se ha mencionado son aportes que no han sido debidamente reconocidos por las ciencias, y mucho menos por la sociedad, constituyen esfuerzos de la psicología salvadoreña en el área educativa, por orientar un cambio, en pos de la educación de los niños y niñas.

El papel que se conoce del psicólogo/a dentro de la educación se reduce a detectar y disminuir conductas problemáticas de algunos estudiantes. En realidad, se realizan esfuerzos por incidir en el sistema educativo, pero la poca valoración que se tiene de la psicología en general, se extiende a las organizaciones a cargo de dicho sistema. El apoyo recíproco que podría darse entre el gremio de psicología y el MINED (el primero, a grandes rasgos, llevando a cabo investigaciones e intervenciones, y el segundo aportando recursos para ellas) permitiría un mejoramiento sustancial del proceso enseñanza-aprendizaje, y hasta evitar muchos problemas que actualmente se encuentran en los centros educativos.

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* Esta Ley se ha presentado ante la Asamblea Legislativa de la República de El Salvador, para su aprobación, en tres ocasiones: 1977, 1986 y 2004 (de Orellana, 2005). Para el año 2007, la Asamblea aún no la ha aprobado.

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VI. REFERENCIAS

  • De Orellana, L. (2005). Historia de la Psicología en El Salvador. 1928-2005. San Salvador: Imprenta Criterio.
  • Interiano, S. (2006, 26 de noviembre). De cora en cora. Revista Enfoques, La Prensa Gráfica. P. 16.
  • Junta de Vigilancia de la Profesión en Psicología (1995). Ley de Ejercicio de la Profesión en Psicología (en prensa).
  • Lara, C. B. (1999). La formación de Valores sobre la Identidad Cultural en el Tercer Ciclo de tres escuelas Públicas y tres privadas de la zona central de San Salvador. El Salvador: Algier’s Impresores.
  • Santrock, J. (2006). Psicología de la Educación. (2ª Ed.) México: Mcgraw Hill