El modelo Merseyside: el asesinato de trabajadoras sexuales es un crimen de odio.

Un crimen de odio, según esta definición, “es una conducta violenta motivada por prejuicios”, se ataca a una persona en función de su pertenencia a un grupo social determinado y estigmatizado. Un ejemplo muy sonado en la década de 1990 es la tortura y asesinato de Matthew Shepard, un estudiante homosexual, y cuya historia se muestra en la película Anatomy of a hate crime. En El Salvador, recientemente fue asesinada una persona transgénero, uno de muchos crímenes que son denunciados por el grupo victimizado (agradecemos a quien nos hizo llegar el comunicado)  pero que raramente son visibilizados por los medios y mucho menos condenados por la sociedad.

Uno de los problemas fundamentales de la especie humana y que da pie a los crímenes de odio es la heteronormatividad. Y dentro de ello, en el tema de género, la norma es dividir a las mujeres en buenas y malas, en “puras” y “prostitutas” (con sus variaciones). Las justificaciones tras las demandas de pureza son, en una palabra, irracionales, así como el concepto y la exigencia de pureza resulta absurdo si se aplica a un ser humano. Aun así, persiste la noción de mujeres buenas y malas, según como ejerzan su sexualidad. Las “buenas” no la ejercen, o se “guardan” para un único hombre. Las “malas” ejercen su sexualidad:

La sexualización de las mujeres sólo es atractiva si no es consensuada. De lo contrario, [si hay consenso por parte de la mujer], se es “zorra”, y ser zorra es tener agencia, y la agencia es amenazante, por lo que ser zorra debe equipararse con ser desechable.

La pureza femenina es una mentira (en inglés).

En términos muy simples, la mayor parte de la prostitución está construida sobre pobreza, tráfico de personas y mafias. Un porcentaje mucho menor lo constituye quienes han entrado y se mantienen en esta actividad de modo voluntario. Sin importar la razón por la que se ejerce, la figura de la trabajadora sexual en el imaginario social es una muy problemática. La prostitución se considera repugnante y los más confundidos la apreciarán como “un mal necesario”. Citábamos en una entrada antigua: “La [trabajador sexual] tiene un cuerpo (eterno femenino), y está llamada también a realizarse por medio del hombre. Pero no es ni esposa amante (no es propiedad privada, sino pública), ni es madre (no tiene familia, ni la sociedad la acepta como transmisora de sus valores)“.

Un grupo tan estigmatizado difícilmente cuenta con la atención y la simpatía de la opinión pública, especialmente en países de pensamiento conservador y patriarcal. A pesar de que es un grupo, por las razones que hemos mencionado anteriormente, que diariamente sufre violencia física, psicólogica, sexual, económica y simbólica. Con esto en mente, vale la pena voltear la mirada hacia Merseyside, Inglaterra:

Cuando se hace desaparecer a trabajadoras sexuales, a la mayoría de la sociedad no le importa y la mayoría de los casos se mantienen sin resolver. En las mujeres en prostitución se observan altos índices de asesinato (la tasa de mortalidad de mujeres en prostitución en Londres es 12 veces el promedio nacional, según Home Office, una agencia gubernamental del Reino Unido que aborda crímenes y vigilancia policial), índices más alto de violación (más de la mitad han sido violadas o atacadas sexualmente en el Reino Unido), e índices más altos de violencia física (al menos tres cuartos han sufrido ataques físicos).

Pero en 2006, la policía de Merseyside declaró los crímenes contra trabajadoras del sexo [TS] como crímenes de odio […] En Liverpool, en 2009, la policía condenó al 90 por ciento de violadores de TS. En el 2010, la tasa global de condenas en Merseyside por crímenes contra TS fue de 84 por ciento, con una tasa de condenas del 67 por ciento para violación. La tasa promedio nacional de condenas por violación es del 6.5 por ciento.

El estigma de la prostitución perpetúa la culpabilización de la víctima. A la mayor parte de la sociedad no le interesa las trabajadoras sexuales; las juzgan, las desprecian y algunos consideran que no es posible violarlas. Mi corazón se ha roto escuchando a mis amigas contarme cómo fue su culpa el que hubiesen sido violadas porque fueron al hotel, entraron al auto, dejaron que el cliente entrara a su casa; no valía la pena ir a la policía porque era su culpa. Algunas de mis amigas no reconocieron que habían sido violadas hasta que salieron de la prostitución: se habían paralizado, no habían podido moverse o luchar; estaban demasiado asustadas como para hablar y otras “accedieron” a actos sexuales por miedo a ser más violentadas. Eso es violación. Nunca es la culpa de la víctima. Nunca hay razón o excusa para violar. No hay un tipo de mujer que “no se puede violar”. No hay mujer que merezca ser violada. 

El Modelo Merseyside –Por qué los crímenes contra prostitutas son crímenes de odio (En inglés).

Mucha gente asume que no es posible violar a alguien que hace una transacción de su sexualidad por dinero (cabe señalar que en la actualidad se aboga por cambiar el término “cliente” por “prostituyente”, por una serie de razones). Pero esta transacción no es una vía libre para quien paga, y cualquier acto sexual que no sea consensuado y voluntario entre las partes participantes es, en efecto, violación. Actualmente, hay una campaña por que el modelo Merseyside se extienda a todo el Reino Unido.

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Trabajadoras del sexo también son violadas, pero los recursos para ayudarlas pueden ser difíciles de encontrar [en inglés].

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