El mito del Quiebre Repentino: una advertencia sobre la violencia en la pareja.

Un artículo de la CBS sobre el asesinato de Reeva Steenkamp apareció esta mañana con una frase de Oscar Pistorius en el titular: “Ella murió en mis brazos”. Reeva Steenkamp murió en los brazos de Oscar Pistorius porque Oscar Pistorius la mató. La muerte de ella no fue algo que le ocurrió a él. Él no se encontró con un cuadro trágico y la acunó mientras expiraba: fue un acto que él cometió. Algunos años antes, él había sido arrestado por un ataque contra otra mujer. 

Lejos de cómo termine este caso en particular, traemos su premisa a colación a propósito de comentarios que hemos recibido en el blog. Específicamente en la entrada sobre la violación en el matrimonio, donde algunas mujeres cuentan que lo han sufrido y preguntan qué hacer, no sin una inevitable cuota de confusión al respecto de su dinámica de pareja. No podemos decir qué hacer, aunque a veces ese sea nuestro primer impulso al leer algo tan angustiante. Apuntamos a compartir conocimientos, aunque básicos, para que quienes nos leen ahonden en los temas que les interesen y tomen decisiones informadas sobre alguno, si llegan a necesitarlo.

Sobre la violencia en pareja hay algo que advertir: se intensifica con el tiempo. Y mientras eso pasa, confunde a quien la sufre y engaña a quienes son espectadores externos. Recomendamos releer esta entrada sobre la fachada de los abusadores y cómo ayudar, o al menos no estorbar, a la víctima. Lo ideal, sin duda, es abandonar una relación en que una de sus partes causa daño de cualquier tipo a la otra, sobre todo cuando este daño es intencional, con el objetivo de controlar lo que hace y no hace la otra persona. Cómo se abandona depende de los recursos y limitaciones de cada quien. Lo que podemos aportar, en calidad de psicólogos blogueros, es información relevante y la exhortación, trillada pero imprescindible, de buscar ayuda. Buscar ayuda profesional y buscar aliados entre la familia y amigos.

[…] Pistorius “lloró incontrolablemente” en la corte esta semana.

Miren cuánto la amaba, dicen estas historias. Él no pudo evitarlo. ¿Cómo podría un hombre que ama y besa a alguien en la frente ser un monstruo?

[Por cierto: “Una buena persona. Genuino. Placentero. Agradable. Trabajador. Un hombre de familia. Los medios han utilizado estos términos para describir a Jovan Belcher [jugador de la NFL] después de que asesinó a [su novia y madre de su hija] Kasandra Perkins, al dispararle nueve veces. …Un oficial de policía, el sargento Richard Sharp, incluso ha sugerido que Belcher se suicidó después de matar a Kasi porque “él se preocupaba por ella”].

Una de las verdades más básicas sobre la violencia doméstica es que empeora con el tiempo. Rara vez hay un quiebre repentino; una mujer resulta tan lastimada que muere. Estas historias se escriben sobre asesinatos sin asesinos, pues no hay señales de alarma y no había forma en que nadie predijera lo que ocurriría. 

Escribimos estas historias porque preferimos ignorar la intensificación predecible y amplia de la violencia doméstica. Con frecuencia nuestra respuesta inicial a la violencia doméstica es vergüenza. Qué incómodo ver los “trapos sucios” de otras personas. Es un “asunto privado”, mejor que se resuelva entre la mujer y su abusador, hasta que haya un cadáver. 

No hay razón para cubrir temas de violencia doméstica de esta manera. Quienes escriben pueden, y deben, identificar el agente. Identificar la acción. Identificar sobre quién se ha actuado. Aprender algunos hechos básicos sobre los patrones de violencia doméstica. “¿Cómo pudo ocurrir esto?” escribe alguien. Un hombre lastimó a una mujer por mucho tiempo y nunca tuvo problemas por ello, así que siguió lastimándola más y más hasta que uno de ellos murió. Así es cómo.

Asesinatos sin asesinos: Reeva Steenkamp y el Mito del Quiebre Repentino.

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