El mito de la medición del coeficiente intelectual.

El coeficiente intelectual, CI, se ha utilizado para “medir” la inteligencia de una persona, adjudicando un número que cae en una de varias categorías (“limítrofe”, “normal”, “superdotado”). Aún cuando su uso es amplio y el público general lo tiene muy en cuenta, con el tiempo esta medida ha sido sumamente criticada desde la educación, la psicología y otras disciplinas afines.

Gilbert[1], en su libro “¿Por qué necesito a un maestro cuando tengo a Google? (2011)” establece que fue el psicólogo Alfred Binet y sus colaboradores, a inicios del siglo pasado, quienes idearon una escala de medición de la inteligencia, pero no para medir la inteligencia en sí, si no para comparar a niños dentro del sistema educativo francés. Ideó una serie de 30 tests, que consistían en tareas como “conocimiento verbal de objetos”, “ejercitar rimas” y “definición de términos abstractos”.

“Binet fue claro sobre las limitaciones de su escala. Hizo énfasis en la importante diversidad de la inteligencia y la necesidad subsecuente de estudiarla utilizando medidas cualitativas más que cuantitativas. Binet también hizo énfasis en que el desarrollo intelectual progresaba a ritmos variables, podía ser impactada por el entorno y por tanto no se basaba sólo en genes, era maleable más que fija, y la medición sólo podía ser utilizada en niños que tenían un historial comparable entre ellos” (Siegler, 1992).

En otras palabras…hace más de 100 años que sabemos que la medición de la inteligencia es limitada; hay más de una forma de ser inteligentes; tenemos que ver las cualidades de la inteligencia, no la cantidad; nos desarrollamos a diferentes ritmos aunque hayamos nacido el mismo día; el entorno en el que nacemos y en el que vivimos tendrá efecto en qué tan inteligente somos; la inteligencia no está determinada durante o antes del nacimiento; las personas pueden volverse más inteligentes y, si vas a comparar niños, tienen que ser, en efecto, comparables entre sí…El antropólogo Stanley Grant dijo una vez, “si una comunidad aborigen generara un test de CI, toda la civilización occidental lo reprobaría”.

Gilbert, 2011 [1]

En 1916, un psicólogo y eugenecista de la Universidad de Stanford, Lewis Terman, adaptó y expandió el test de Binet, convirtiéndolo en el test Stanford-Binet, el Test del CI que muchos conocemos. Y a pesar de las limitaciones declaradas por Binet, la medición de la inteligencia continuó utilizándose, gracias, en parte, a la eugenesia. Era útil creer que la inteligencia era hereditaria:

Para [Francis] Galton, esto implicaba que la gente inteligente debía reproducirse, esto es, la gente de muchos recursos y con buena escolarización. Para [Henry] Goddard, la clave era evitar que la gente estúpida se reprodujera y si, lamentablemente, llevarlos a la esterilización forzada no sentaba bien entre la gente estadounidense, lo menos que podían hacer era ponerlos en “colonias”.

Veinte años después de la publicación del trabajo de Goddard, la Ley de Prevención de Hijos Con Enfermedad Hereditaria fue aprobada en la Alemania Nazi; 400,000 personas fueron subsecuentemente esterilizadas contra su voluntad y otras 275,000 fueron asesinadas bajo el programa personal T4 de Hitler…

Gilbert, 2011 [1]

El mismo Binet argumentaba que su test no era una prueba de potencial, sino una forma de tomar “una foto” de las facultades mentales en el momento en que se tomó el test. Así, cualquier “prueba de inteligencia” que se tome es resultado, además de las habilidades más o menos estables de una persona, de su disposición en el momento, del entorno en que se encuentra, de la habilidad que tiene quien está aplicando el test, etc.

Lewis Telman realizó un estudio longitudinal, siguiendo desde 1921 y por el resto de su vida, a 1,470 niños con CI alto. La mayoría eran blancos, de clase media y media-alta, y llegaron a tener buenas vidas (difícil que ocurriera lo contrario, dado el entorno en que crecieron) pero no hicieron nada extraordinario. Ninguno ganó un Premio Nobel. Dos niños que sí llegaron a ganar el Premio Nobel (Luis Álvarez y William Shockley) habían sido eliminados por Telman en el proceso de filtro del CI.

[Freeman, 2006] declara que: “una niñez llena de talento no siempre conlleva éxito sobresaliente en la adultez. Mejores factores predictores de ello son el trabajo duro, el apoyo emocional de otros y una visión positiva, abierta, personal”…Su CI puede contribuir a quien es usted. Su CE (Coeficiente Emocional) determinará qué tan lejos llega [Ver Competencia emocional]. 

Gilbert, 2011 [1]

Un estudio publicado recientemente apoya el planteamiento de que no hay tal cosa como una medición única de la inteligencia:

En lugar de “CI” o cualquier componente único, se requiere de al menos tres componentes para estimar el desempeño mental de alguien: memoria a corto plazo, razonamiento y agudeza verbal. Para hacerlo más interesante, estos tres componente parecen llevar a “circuitos” cerebrales distintos. Usted puede destacar en uno pero no en los otros dos, o encontrar un balance entre los tres. 

Exponiendo los límites del CI

Esto puede resultar obvio para cualquiera que sea medianamente observador. Pero el CI sigue utilizándose como una medida inmutable de la inteligencia; es un número sobre el cual se juzga a una persona y se toman decisiones que pueden determinar buena parte del rumbo de su vida, para bien o para mal. Es la base para etiquetar a un niño como “tonto” o “dotado”, y los adultos reaccionan de modo diferenciado frente a esas etiquetas (para qué seguir intentando con el “tonto”, mientras que al “dotado” hay que estimularle su potencial). Aún más, la historia ha demostrado que el razonamiento erróneo tras esta clase de mediciones puede traer implicaciones devastadoras para una gran cantidad de personas.

Esto no significa que deba desecharse del todo la medición de la inteligencia. El test Stanford-Binet (que no es el único para medir inteligencia) contempla diversas facultades cognitivas por medio de la realización de varias tareas, que puede dar luces sobre las habilidades de un individuo, tanto las que maneja bien como las que podría fortalecer. Siempre y cuando se estén comparando poblaciones similares; resultaría injusto y engañoso aplicar el test validado en niños de un colegio privado de Estados Unidos, a niños de una escuela pública en El Salvador. Siempre y cuando se complemente con otras mediciones, con entrevistas, con observación. Siempre y cuando se tenga presente que los resultados de un test son la instantánea de un momento particular en la vida del individuo.

Lo que Binet trataba de probar es que la inteligencia es maleable. Si les enseñamos a los niños a ser más inteligentes, entonces serán más inteligentes. ¿No es ese el punto de la educación en primer lugar?

Gilbert, 2011 [1]

[1] Gilbert, I. (2011). Your EQ will take you further than your IQ (Cap. 6), en Why do I need a teacher when I’ve got Google?.

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