El mito de lo masculino-femenino en una relación homosexual.

El blog Tod@s tiene una entrada muy interesante, “¿Quién hace de mujer?”, que desmonta uno de los mitos más comunes sobre una relación homosexual: la supuesta masculinidad y feminidad de cada miembro de la pareja. Dado el contexto sociohistórico en el que nos encontramos actualmente, es importante recordar que la homosexualidad se encuentra en al menos 1,500 especies del reino animal, sobre todo en aquellas con relaciones sociales complejas, como el ser humano y el Bonobo.

Retomamos algunos puntos (las negritas son originales del autor), y la entrada completa puede encontrarse aquí.

Preguntarse quién hace de mujer en una pareja gay es querer interpretarla partiendo de la imposibilidad del deseo homoerótico, como si, para que a un hombre le guste otro hombre, uno de los dos deba ser, de algún modo, femenino. Lo mismo vale para quienes piensen que, en una pareja de lesbianas, una de las dos “hace de hombre”.

Es más: un repaso rápido por páginas de levante gay sorprendería a más de uno: están llenas de avisos que ponen el acento, a veces bastante estereotipado y machista, en la masculinidad. “Macho busca macho”.

En una pareja gay, los dos “hacen de hombre”, sea lo que sea que eso signifique para cada uno. “Masculino” y “femenino” son dos categorías del lenguaje, como “hétero”, “homo” y “bi”, con las que tratamos de encasillar un universo mucho más complejo, lleno de grises y, sobre todo, de colores. Pero dejemos esa parte de la historia para otro día. Lo que queremos dejar en claro hoy es que, en una relación entre dos hombres, no hay uno que “hace de mujer”, salvo que se trate de un juego o fantasía sexual, que también puede darse en una cama hétero.

Y ya que hablamos de la cama, aclaremos que todo lo anterior no tiene nada que ver con ser “activo” o “pasivo”. Creer que el que penetra es más hombre que el que es penetrado es, nuevamente, querer entender una relación homosexual como si fuera heterosexual, es decir, con un solo pene — y sin imaginación. Los roles en la cama no tienen nada que ver con la identidad de género ni le hacen ganar o perder masculinidad a nadie.

Además, ¿quién dijo que los roles en la cama deben ser fijos, estables y excluyentes? Otra vez, algo básico y simple: cuando dos hombres se van a la cama, hay dos penes. Y los dos pueden ser usados, de distintas maneras. Suponer que uno de los hombres debe anular automáticamente su pene para ir a la cama con otro es querer, otra vez, heterosexualizar una relación que no es heterosexual.

Y, ¡vamos!, que entre un hombre y una mujer también pueden pasar muchas otras cosas. Para eso se inventaron los juguetes que se venden en los sex shops y la naturaleza, sabia, nos puso cinco dedos en cada mano. Eso sin tener en cuenta a las travestis, que tienen pene e identidad de género femenina.

El mundo de la sexualidad es más complejo que nuestros diccionarios.

Por último, la versión más radical de la confusión que queremos tratar en este post es la de quienes creen que los gays, en el fondo, quieren ser mujeres*. Otra vez: no pueden dejar de vernos con anteojos heterosexuales. Como si la única explicación para que nos gustaran los hombres fuera que, en algún lugar de nuestro ser, nos imaginamos del sexo opuesto.

Siempre tratando de reconstruir, de una u otra forma, el molde chico + chica.

* Exempli gratia:

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