El juicio por la masacre #ElMozote y lo innombrable en El Salvador.

Hace cuatro años, escribimos sobre la importancia de que una sociedad reconozca las atrocidades cometidas por su gobierno contra la población civil; y sobre por qué negar estas atrocidades es espectacularmente contraproducente para la psiquis colectiva a medida que pasa el tiempo. Esta discusión la enmarcamos en el juicio al dictador guatemalteco Efraín Ríos Montt, acusado de ser responsable del genocidio por parte del ejército guatemalteco contra la población indígena maya ixil (juicio que solo recientemente fue reanudado).

También, en otras entradas, señalamos la necedad, tanto de las autoridades como de la misma sociedad salvadoreña, de negar el daño psicosocial que persiste en el país. De modo más general, revisamos parte de la evidencia de que los eventos traumáticos se transmiten de una generación a otra. Esta transmisión no se refiere a pasar un objeto de una mano a otra, sino al modo en que una persona construye su vida psíquica entrelazándola con las de otras personas.

Con esto en mente, hacemos eco del juicio que actualmente se está llevando a cabo en contra de militares salvadoreños por la masacre de El Mozote, cometida a lo largo de tres días, en diciembre de 1981:

Desde marzo de este año se está llevando a cabo el juicio penal sobre la masacre de El Mozote y lugares aledaños, evento considerado no sólo como el acto de violencia más grande ocurrido durante los años de la guerra civil salvadoreña, sino también como la peor masacre acontecida en la historia moderna de Latinoamérica. A pesar de ello, la cobertura que ha recibido este juicio, tanto de la prensa nacional como internacional, ha sido mínima.

 

Tan corta es nuestra memoria que obviamos la importancia que este juicio tiene. El hecho de que un grupo de militares esté siendo acusado y juzgado por crímenes de guerra en nuestro país marca un precedente importante en cuanto al paradigma judicial, pero también en cuanto a la impunidad en la actuación de las fuerzas de seguridad, un tema por desgracia todavía vigente. Baste recordar el reciente juicio sobre la masacre de la finca de San Blas y su desconcertante veredicto final [nota al respecto aquí].

 

Nuestro silencio sobre El Mozote

Antonio Pereira, testigo en el juicio por la masacre. Foto tomada de la nota “Antonio Pereira contra el Batallón Atlacatl”, El Faro.

Dejamos acá algunos reportes sobre los testimonios de las audiencias hasta el momento:

– Jueves 12 de octubre: Nelson Rauda sigue la cobertura de las audiencias sobre el caso desde San Francisco Gotera.
– Viernes 13 de octubre: Hoy en el juicio por #ElMozote declara Dorila Márquez, presidenta ‘Asociación de derechos humanos de El Mozote’. Informan @Raudaz_ y @VictorPena84.

Es comprensible que no queramos saber de estos eventos. Son sucesos brutales, perturbadores. Pero ignorarlos, voltear el rostro para evadirlos y no aceptar que ocurrieron supone un arma de doble filo. Porque el olvido nunca ocurre, sólo se silencia y se reprime para luego estallar en formas impredecibles. En la actualidad, el ánimo y los comentarios de parte de un sector de la población sobre lo que debe hacerse con la violencia pandillera, por ejemplo, es una caja de resonancia del final de los años 70, de los años previos a la guerra.

 

Nuestro silencio sobre El Mozote

Para finalizar, repetimos una cita que utilizamos anteriormente, y la destacamos en negritas:

Los sobrevivientes de atrocidades de toda edad y cultura llegan a un punto en su testimonio donde todas las preguntas se reducen a una, hecha más con perplejidad que con ira: “¿por qué?”. La respuesta está más allá de la comprensión humana. […] El sobreviviente no puede reconstruir un significado para su experiencia sólo con pensarlo. El remedio para la injusticia también requiere acción.

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