El fútbol, pero no como deporte.

La Copa Mundial de Fútbol da inicio en algunos días. Aquí, más allá de lo que ocurra en la cancha durante los partidos, nos interesa lo que pasa en torno a ellos. Cada deporte trae consigo una miríada de dinámicas psicológicas, sociales y económicas, y en el fútbol éstas se amplifican.

[E]l fútbol es una ecuación social que combina valores, emociones, símbolos y sentido de pertenencia. Ni siquiera un partido político puede presumir de semejante cóctel, aunque bien es cierto que la política introduce otros ingredientes que no tiene el fútbol en el aficionado, como los intereses y el poder.

Psicología del fútbol

Las personas más acuciosas se preguntarán de dónde proviene esa “pasión” por este deporte. Cualquiera tendrá sus propias explicaciones, tan sencillas como posiblemente correctas, aunque las explicaciones más complejas tienen que ver, justamente, con la complejidad del ser humano como un ser social.

En El Salvador, un país donde apoyar a la selección nacional de fútbol -La Selecta- equivale a ser buen ciudadano y patriota, ocurre un fenómeno un tanto confuso para muchos: el apoyo y seguimiento ferviente a equipos y torneos españoles. En un artículo de hace algunos años (con la aparición de uno de los miembros de Psicoloquio), se hacía la pregunta Nos gusta el Clásico, ¿por qué?:

Las respuestas podrán ser muchas. Tantas como la cantidad de socios que los dos clubes más importantes de España tienen; pero dentro de todas ellas está la respuesta psicológica, la que explica un experto de la rama como Joaquín Samayoa, quien asegura que ese fanatismo responde a que “la gente busca con qué o con quién identificarse para tener lo que en psicología se llama satisfacción vicaria: satisfacción a través de terceros. Esta persona disfruta con eso, se siente orgulloso y se eleva”.
[…] Lo mencionado por Samayoa también es compartido por Víctor Castro, otro psicólogo, quien agrega que hacen falta estudios de fútbol para comprender la forma de pensar de los hinchas. “Estamos formando parte de un grupo global, que dice que son los mejores equipos del mundo, que son mucho más de lo que podemos imaginar. Es fácil adherirse a algo que nos trasciende. Al mismo tiempo que nos adherimos a eso, sentimos que estamos trascendiendo nosotros mismos, es un fenómeno tan complejo pero tan poco estudiado”, dijo Castro.

Se habla de procesos identitarios, de pertenencia.

El fútbol es un fenómeno social. Hay personas que el fútbol lo contemplan como 22 jovencitos golpeando la pelota sobre el césped, rodeados de miles de enardecidos seguidores que no tienen nada mejor que hacer. Cualquiera puede entender que ésta es una visión simplista, aunque no tenga la menor idea de balompié. El fútbol congrega a personas ociosas, desde luego, pero a muchísimas ocupadas, a necios pero también a inteligentes, a profesionales empleados y a empresarios empleadores.

Psicología del fútbol

Valga mencionar que ese párrafo sigue con la frase “Últimamente reclama a las mujeres”, y es una buena oportunidad para mencionar brevemente la dimensión del género en el fútbol. El que un artículo como este hable de “personas” y luego de “mujeres” es revelador de aquella vieja norma, los hombres son personas y las mujeres una categoría aparte. Hay fútbol y hay fútbol femenino. El fútbol es de hombres, y algunos insultos a jugadores e hinchas del equipo contrario se basan en la feminización del insultado. En El Salvador, es secreto a veces las partes del estadio que no son seguras para una mujer, y el hecho de que el Mundial se juegue en Brasil dio paso a algunas campañas que objetificaban a la mujer en pro del juego. Las mujeres que siguen el fútbol todavía se consideran rarezas y éstas deben defender y reafirmarse constantemente como fanáticas legítimas…y la lista sigue.

El sentido de identidad y pertenencia en función de un equipo de fútbol es una cosa maravillosa, pero también llega a ser fuente de hostilidad y agresión. La violencia en los estadios salvadoreños es una amenaza latente. Cuando los fanáticos se unen en contra de un enemigo común, la selección nacional de otro país, el excesivo nacionalismo puede llevar, cuando menos, a faltas de respeto a los jugadores contrincantes. Esto resalta en El Salvador por ser ésta una sociedad cuyos miembros se relacionan desde la violencia (física, psicológica, simbólica), pero estos y otros procesos se encontrarán en mayor o menor medida, ya sea de manera sana o amenazante, siempre que exista un “nosotros” y un “ellos”.

A un nivel más amplio, la violencia generada por el fútbol trasciende las relaciones entre fanáticos. La Copa Mundial en Brasil ha visibilizado problemáticas de toda clase en ese país, destacando, por ejemplo, el incumplimiento de los derechos laborales de jugadores brasileños, las que tienen que ver con los desalojos y expropiaciones de comunidades para la construcción de infraestructura:

Los “incentivos” al abandono de la zona son sutiles, pero no dejan duda: primero les cortan la luz, luego empiezan los rumores del desalojo. Inseguridad, amenazas, informaciones falsas, cortes en los servicios básicos, presión política y psicológica, son el pan nuestro de cada día en estas favelas.

Miles de familias desalojadas en Brasil por el Mundial de Fútbol

Y todavía más allá de que enrede todavía más las relaciones entre el gobierno y la ciudadanía, el fútbol como industria multinacional se encuentra plagado de corrupción (algo a lo que el fútbol salvadoreño tampoco es ajeno):

Es triste que el torneo comience bajo una nube tan grande como el estadio Maracaná. Documentos obtenidos por el Sunday Times de Gran Bretaña han revelado pagos secretos que ayudaron a que Qatar ganará los derechos de sede para la Copa Mundial en 2022. Si esa competición fue arreglada, tiene compañía Un reporte de la FIFA, el organismo directivo del fútbol, dice haber encontrado que muchos encuentros fueron arreglados antes de la Copa Mundial en el 2010. Como siempre, nadie ha sido castigado.

Juego hermoso, negocio sucio

Este mismo artículo sostiene que muchos fanáticos del fútbol se mantienen al margen de esto: “lo que les importa es el juego hermoso, no los viejos ejecutivos que lo manejan”, y esto tiene costos. Es una corrupción a nivel global, que es oportunidad para muchos en cúpulas de poder de enriquecerse de modo ilícito, y lo que debería ser una celebración puede terminar siendo un enorme chanchullo. La FIFA no le responde a nadie, no tiene quien la regule, y tiene el monopolio del fútbol internacional.

Probablemente muchas de estas problemáticas escapan de las manos de quienes sólo quieren disfrutar un buen partido y pertenecer -al menos simbólicamente- a un equipo y a un grupo que suple muchas de sus necesidades personales y sociales. Pero es posible disfrutar apasionadamente un deporte y al mismo tiempo ser crítico de las dinámicas que le subyacen, tanto las positivas como las negativas. Aun más, es posible utilizar las dinámicas positivas para construir y fortalecer vínculos interpersonales, para construir y fortalecer comunidades. A fin de cuentas, como se dice, el espíritu del fútbol es unir a la gente.

Envueltos ya los salvadoreños en ese fenómeno global, la Liga española, la pregunta a responder es si es posible revertir esa tendencia y que el fútbol nacional recupere el espacio que alguna vez tuvo. Castro dice que ese es un tema más dirigencial que psicológico, pero también recomienda y explica que es cuestión de crear arraigo en las localidades. “Hay que crear arraigo con la gente a través de otros mecanismos, localmente, poder funcionar como un verdadero club, que la gente se inscriba y forme parte. No es que el fútbol de acá no tenga nada que ofrecer, si uno se detiene a ver hasta los partidos de las colonias, el detalle es cómo llevar ese interés por el deporte a otras instancias.”

Nos gusta el Clásico, ¿por qué?

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