El experimento de Rosenhan.

En 1973, David Rosenhan publicó un artículo llamado “Estar sano en lugares insanos”, que describía un experimento que había llevado a cabo con la ayuda de varios amigos:

Usando identidades falsas, y pretendiendo tener síntomas que no tenían, todos lograron hacerse internar como pacientes. No se trató de una broma del día de los inocentes, estos falsos dementes comandados por Rosenhan tenían una misión: cuestionar la capacidad de la psiquiatría de distinguir entre la locura y la cordura.

En la entrevista de admisión, los pseudopacientes aseguraron escuchar ruidos, luego voces. Pero una vez adentro, abandonaron sus síntomas y comenzaron a comportarse de manera normal.

 

“Para David, el contexto de una clínica psiquiátrica hace que cualquiera que sea un paciente parezca sufrir alguna patología. O, que un comportamiento que parece completamente normal en la casa o en la oficina parezca el síntoma de un desorden cuando se lo observa en un hospital”, añade Keller.

 

Curiosamente, aunque los médicos no notaron nada inusual en los pseudopacientes, los auténticos pacientes sí notaron la diferencia.

 

Cuando Rosenhan publicó los resultados de su investigación en 1973 fue como si alguien hubiese lanzado una bomba contra el establishment de la psiquiatría. El público quedó fascinado, y los profesionales de salud mental lo odiaron. El estudio fue duramente criticado por su metodología y por sus conclusiones.

 

Rosenhan fue acusado de usar engaños y trampas, y las autoridades de uno de los hospitales lo desafió a que enviase todos los pseudopacientes que quisiera, asegurándole que reconocería a todos.

 

El médico accedió. Cuando el experimento finalizó, el hospital con orgullo dijo haber reconocido a los 41 impostores.

 

Pero lo cierto es que Rosenhan no había enviado a ninguno.

 

Más allá del revuelo que causó, el experimento logró que se reescribiese el manual de diagnóstico psicológico en Estados Unidos y que se reevaluara la relación médico-paciente en las instituciones mentales.

 

El hombre que obligó a cambiar los manuales de psicología

Este estudio fue un cuestionamiento a las formas de diagnosticar, etiquetar y tratar a pacientes con trastornos mentales que se seguían hasta entonces…y que persisten hasta hoy entre muchos profesionales de la salud mental e instituciones psiquiátricas. Se trata entonces, por un lado, de diagnosticar -o no- con mucho cuidado y criterio según la persona y el contexto del que ella proviene y en el que se encuentra. Y por otro lado, de ofrecer un entorno terapéutico adecuado para quienes sí sufren de alguna condición psicológica o psiquiátrica, cosa que difícilmente ocurre en países como El Salvador.

En el siguiente video (narrado por Philip Zimbardo, del experimento de la prisión de Stanford) Rosenhan hace un comentario sobre su experimento:

Los hospitales psiquiátricos son almacenes para las personas rechazadas por la sociedad, personas no queridas, no comprendidas, y por las que se ha perdido toda compasión.

 

¿Es inevitable tratar así a los pacientes? Es difícil de decir. El personal necesita que se lo recuerden constantemente. Y es muy difícil recordarse. Después de todo, lo están haciendo lo mejor posible.

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