El dolor enmascara los trastornos depresivos (vía El País).

Existen muy pocos datos en nuestro país sobre la prevalencia de trastornos mentales y otras dificultades de la salud mental. Hasta donde sabemos, el estudio más reciente es Prevalencia de síntomas de alteraciones mentales de la población de El Salvador, publicado por la Universidad Tecnológica de El Salvador en el 2004. Con respecto a la depresión, este estudio encontró que un 28.8% de las personas participantes lo padecen, de estos un 17.1% son mujeres y un 11.75% son hombres. Dado que era una muestra representativa del país, da una idea de la urgencia de profundizar en estos temas.

La principal consecuencia del desconocimiento de estos datos es que se continúa invisibilizando y negando la importancia a una serie de padecimientos que de otra manera pueden ser abordados, para mejorar el bienestar y la calidad de vida de quienes los sufren directa (el o la paciente) e indirectamente (quienes le rodean). Aún más, contrario a lo que se piensa, los trastornos cognitivos, afectivos y conductuales no son un simple problema individual, y sus factores de riesgo y de mantenimiento siempre remiten al entorno en el que la persona vive, más allá de ser un simple problema biológico (“hormonas”, “desbalance neuroquímico”, etc.).

Es común que a la consulta de hospitales lleguen personas quejándose de varias formas de dolor: a veces, es el dolor en el mismo lugar; otras veces, el dolor parece surgir en diferentes puntos del cuerpo. Cuando no se encuentra una base física para explicar esto, se gastan recursos tratando de “atinarle” o abordar un diagnóstico tras otro, que nunca resulta ser el correcto. Se llega incluso a acusar a la persona de estárselo imaginando o de estar mintiendo por atención. Aún más, se usa el término “psicosomático” erróneamente, para decir que el sufrimiento está en la cabeza de la persona.

El dolor enmascara los trastornos depresivos.

“No sabía que padecía depresión, me dolía el cuerpo y me sentía sin fuerza, muy fatigada. Nada funcionaba”, explica Ana García de Granada. Ella como el 69% por ciento de los pacientes padecía dolores de espalda, mareos y malestar gástrico. Sin saber que el dolor puede enmascarar cuadros de depresión o de ansiedad crónica y muchas veces despistar a los profesionales sanitarios, retrasando un diagnóstico correcto. De hecho, estos síntomas físicos se asocian a una mayor severidad de la patología. En España hay entre 1,2 y 1,5 millones de personas que padecen un trastorno depresivo, aunque se estima que un 35% de los casos no se llega a diagnosticar.

Los síntomas más comunes que padecen los pacientes cuando acuden a consulta son la falta de apetito sexual – anhedonia o incapacidad de sentir placer – y la fatiga – abulia o imposibilidad de realizar tareas -, ambos síntomas son determinantes a la hora de diagnosticar un trastorno depresivo. Además pueden aparecer síntomas ansiosos como palpitaciones o mareos. Todos hacen que el dolor varíe de una visita a otra. Entre los factores que indican una posible depresión están el hecho de que ningún analgésico funcione y que la molestia o sensación de tristeza dure más de dos semanas.

El proceso que sigue el paciente es siempre el mismo. Acude en primera instancia a Atención Primaria, “cuando me sentía mal acudía al ambulatorio más cercano”, señala García. Esto favorece que ante la imposibilidad de un diagnostico claro, el médico se convierta en “detective” a la hora de detectar los casos que acarrean una depresión enmascarada. “La presencia conjunta de ansiedad, depresión y síntomas somáticos es casi más la norma que la excepción”, ha subrayado el médico psiquiatra del Hospital Universitario Puerta de Hierro de Majadahonda, el doctor Luis Caballero, y asesor en la especialidad de esta guía.

Por todo ello, la Organización Médica Colegial de España (OMCE), el Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad y Lilly han presentado hoy la ‘I Guía de Buena Práctica Clínica en depresión y ansiedad con síntomas somáticos’, una publicación cuyo objetivo es ayudar a los profesionales de Atención Primaria a reconocer los síntomas somáticos y mejorar así su diagnóstico. “Es un instrumento práctico que marca un protocolo de actuación”, ha sostenido el tesorero del consejo general de Colegios Oficiales de Médicos de España, el doctor José María Rodríguez.

DOBLE PREVALENCIA EN LAS MUJERES
-Una de cuatro mujeres en España tendrá depresión a lo largo de su vida, según ha explicado la gerente de investigación clínica de Lilly, la doctora Inmaculada Gilaberte.
– Esta prevalencia se debe sobre todo a razones biológicas y psicológicas, “que es dos veces superior en la mujer que en el hombre”.
– Las afectadas son mujeres entre los 18 y 40 años, “es la época fértil, algo que se asocia a las hormonas femeninas”.
– Un 10% de los pacientes que acuden por primera vez a consultas de Atención primaria pueden padecer un trastorno depresivo
– Un 35% de los casos no son diagnosticados
– Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la depresión es actualmente la cuarta enfermedad en importancia causante de discapacidad en el mundo.

AGENCIAS

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