El compromiso histórico de las nuevas generaciones – colaboración.

Publicamos un escrito enviado por un grupo de estudiantes de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA). Este discurso se presentó en el marco de la celebración del cumpleaños del padre Ignacio Martín-Baró, en noviembre pasado (reseñado acá).

El compromiso histórico de las nuevas generaciones
de cara a un cambio social a través de la psicología de la liberación.

Martes 3 de Noviembre del 2009.
Conmemoración y homenaje a Martín Baró en su 68º cumpleaños.
Discurso estudiantes UCA 2009*
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Invitamos el día de hoy a todos y todas ustedes hacer una reflexión juntos con miras a obtener un El Salvador mejor, una sociedad no perfecta pero sí funcional para las mayorías, una realidad hecha por nosotros y nosotras dentro de la cual, si nos equivocamos, tengamos la satisfacción de que son nuestros errores, y no los de otros. Han pasado casi 20 años de la muerte física de uno de los mejores psicólogos del siglo XX. Digo física porque él está más vivo que nunca.

Están vivos sus sueños y su legado como hombre, como religioso y como científico, de eso no queda duda. Pero muchos han querido olvidarlo (una mala palabra para nosotros), han querido que, profesionalmente nosotros, volvamos la mirada hacia el futuro inmediato, un futuro inmediato plagado de ilusiones materiales, las cuales se basan en pasar sobre los demás con tal de obtener lo que queremos, sin un compromiso profesional y social, compromiso que para el padre Nacho debería ser el objetivo de todo quehacer científico.

Es por eso que ahora nuestras palabras van dirigidas a hacerles reflexionar sobre el compromiso histórico de las nuevas generaciones que nacieron años después de la partida del padre Martín-Baró. Primeramente, colegas presentes, debemos estar atentos a no creer en el idealismo metodológico como lo llamaba Martín-Baró, el cual plantea que todo lo racional es real y que todo lo real es racional. No cabe en las ciencias sociales el limitar nuestros criterios sobre los fenómenos que estudiamos a lo que nuestros ojos ven. El naturalizar las desigualdades y las injusticias y no cuestionarlas nos alejan de nuestro sentido latente del ejercicio psicológico, siempre hay que cuestionar lo que se nos impone como una verdad histórica y dar un mirada crítica sobre a quien le conviene que esa verdad sea inamovible.

Tal idealismo metodológico, al naturalizar y no permitimos racionar mas allá de lo que se ve, impide que como profesionales no teoricemos y reflexionamos que nuestra realidad. Nuestra realidad salvadoreña dista mucho de parecerse a la de otros países en muchos aspectos. Aunque no deje de compartir los más básicos, y que aunque mucho material teórico creado afuera no deja de ser muy útil, en la mayoría de los casos al contextualizarlo a nuestro país se queda corto o encubre las verdaderas razones de los problemas que aquejan a los y las salvadoreños. Por eso hemos caído en la falacia de que la teoría convoque a la realidad, pues al no tener nuestras propias explicaciones de la realidad no queda de otra más que exportar conocimiento. Es momento, pues, de que volvamos y reconozcamos el poder que como psicólogos y psicólogas poseemos, y creemos nuestro conocimiento apuntando a lo que el padre Martín-Baró decía: que sea nuestra realidad la que busque a los conceptos teóricos, y que sean nuestros problemas los que reclamen y elijan su teorización.

El empezar a crear nuestras propias construcciones solo se irá dando en la medida en que nos cuestionemos el por qué de todo, por qué es así tal tema, por qué no es o puede ser distinto, por qué las diferencias son la base para la injusticia y la discriminación…siempre preguntar el por qué. Siendo críticos y reflexivos, cambiando el idealismo metodológico por un idealismo crítico.

Un idealismo crítico que permita hacer reflexión y entender que no hay y no habrá un ejercicio científico objetivo, y que todo ejercicio en cuanto acción gira entorno a una ideología. Por eso, la vieja tesis de la neutralidad de las ciencias sociales debe ser abandonada, no solo por lo irreal, sino porque al creer en ella ocultamos al poder, validando socialmente qué es lo bueno y qué es lo malo, dictámenes dados por aquellos que ostentan el poder.

También reflexionemos que, históricamente, los y las psicólogos hemos sido orientados por una psicología hegemónica que ha definido nuestros objetivos, ignorando que estos deberían ser la liberación y el cambio en beneficio del ser humano como individuo y de la sociedad como su escenario de vida. Esto quiere decir que nuestro segundo paso, como compromiso de las nuevas generaciones, es definir nuestros objetivos de cara a nuestro contexto histórico actual, dejando de avalar desde la ciencia la ideología deshumanizante (de discriminación y desigualdad) impuesta por la psicología hegemónica.

Por tanto, nuestro compromiso debe ser realizar una praxis psicológica con una ética liberadora, orientada al cambio, recordando que la Psicología de la Liberación no sólo se limita a la rama social. Se puede liberar desde cualquier otra trinchera profesional que se elija, llámese clínica, educacional, organizacional, comunitaria, de la salud, etc. La pregunta ahora recae más en cómo hacerlo, y para eso divisamos algunos objetivos a alcanzar y realizar en estos nuevos tiempos.

Como primer punto, como nuevas generaciones nuestro compromiso debe girar en torno a la recuperación de nuestra memoria histórica, ya que como menciona Oliver Sacks, “en ella consiste nuestras vidas; sin memoria la vida no es, ella es nuestra coherencia, nuestra razón, nuestros sentimientos, incluso nuestra acción”. Nuestro pueblo, y nosotros mismos como resultados histórico, no podremos avanzar a estadios mejores si nuestra historia es enterrada y olvidada. Negarla es negar lo que como salvadoreños y salvadoreñas somos, y qué mejores profesionales para el ejercicio memorístico que nosotros. Las heridas no sanan si no se desinfectan y este proceso es doloroso, y si no se hace, el cuerpo adquiere una infección. De la misma manera, la sociedad, al no desinfectar las heridas dejadas por una historia llena de sangre e injusticia, no puede sanarse. Es momento de reflexionar que quizá muchos de los problemas que hoy vivimos son en parte el resultado de ignorar nuestra propia historia, negándola, sobre todo el sistema para no hacerle frente a tanta atrocidad de la que fue actor principal. Al hacer nosotros lo mismo, ignorar la historia, perpetuamos lo que el poder quiere que perpetuemos: el famoso perdón y olvido.

Hay que potenciar la vida, construir una nueva historia más justa y digna. Haciendo memoria histórica aprendemos de nuestros errores para ya no cometerlos, ese es el fin práctico del ejercicio. Comprender que la injusticia, la discriminación y la violencia son formas de vida que socialmente han sido avaladas y su resultado han sido el derramamiento de sangre y la lucha, situaciones que en algunos casos pudo ser evitada, pero al poder no le importa en lo mínimo que nuestros hermanos y hermanas se maten entre si, si a él no le pasa nada. Construir una realidad que acepte distintos valores y formas de vida a las conocidas, permítannos inferir, daría una historia distinta de nuestro pueblo. Exaltar más la cooperación que la competencia, la flexibilidad de pensamiento sobre la rigidez, el diálogo sobre la violencia para la resolución de conflictos, y la equidad frente a la desigualdad darían paso a unos nuevos ciudadanos salvadoreños.

Estar concientes de nuestro papel histórico en una sociedad que pide a gritos nuestro accionar, que, por otra parte, se apoya en una ideología de consumismo y aprueba un estilo de vida que dice “si no tienes no eres”. Debemos entender, y cada quien tendrá su tiempo para hacerlo, que la psicología no es una forma de hacer dinero y hacer ganancias económicas. Si bien es cierto se ha perdido tal visión y en nuestra realidad muchos profesionales ven en el ejercer profesional no más que -como decía Martín-Baró- una forma de abordar el ascensor social , la verdadera magia de la psicología reside en que esta es una forma de vida, es un estilo de vida, que debe tener como objetivo ayudar a los demás y trasformar realidades. El ver cómo una persona es capaz de superar su problema, el ver cómo un niño es capaz de anteponerse a una desventaja, sea cual sea, el ver cómo un grupo de personas puede trasformar un objeto inanimado y darle un valor significativo, el apreciar cómo un pueblo crece y supera de buena manera sus dificultades, ayudados todos en parte por nuestro aporte profesional…nosotros las nuevas generaciones sabemos qué tiene más peso que la capacidad que el dinero tiene de imitar a la felicidad.

Entendiendo nuestro papel en una sociedad como la nuestra, en la cual hay mucho trabajo por hacer, debemos también adquirir como compromiso el evitar los reduccionismos científicos, entender que los problemas no tienen únicamente una dimensión individual ni únicamente una social, sino que lo individual está imbricado en lo social y viceversa, y que al reducir nuestro análisis a una sola de estas áreas, encubrimos en mucho de los casos las verdaderas raíces de los problemas (raíces que se enganchan en desigualdad de oportunidades, atropello a los derechos humanos, en discriminación y demás). Es entonces parte de nuestro compromiso el practicar como una “ciencia bisagra”, que abarque a la vez lo psicológico y lo social, haciendo que nuestro análisis sea más crítico y completo. Si logramos esto, superaremos esa atrofia que la psicología hegemónica nos ha impuesto, atrofia encaminada a reducir la percepción de los académicos, empequeñeciéndola a lo que los intereses dominantes les conviene sea percibido.

Desideologizar, desideologizarnos y quitarnos nosotros todas aquellas cadenas culturales, sociales e individuales que no nos permiten movernos al puesto de los demás, para entender su percepción de las situaciones; derribar día con día todos los prejuicios que se ha encargado sutilmente la educación y los medios de comunicación de que aprendamos para no poder ver la magia del pensar y el sufrimiento de nuestro pueblo…y luego ayudar a nuestros hermanos y hermanas a liberarse, ya que, como decía el padre Nacho, la cultura, la iglesia y las estructuras económicas, antes de ser reflejo de un contrato social o una elaboración simbólica e intelectual, suelen ser medios de dominación y de imposición objetiva de intereses particulares de un sector, produciendo en la colectividad una falsa conciencia que perpetúa y justifica un orden establecido.

La ideología será entendida entonces como el gran obstáculo subjetivo para alcanzar nuestro compromiso de cara a un cambio. Pero el desideologizar es solo la primera piedra para empezar a cambiar nuestra realidad y a nuestra sociedad.

Debemos también como población privilegiada en cierto aspecto y teniendo el poder social para hacerlo, practicar la denuncia. Como psicólogos y psicólogas, dejar de ser un grupo pasivo y desorganizado, dejar la apatía y tomar conciencia de nuestro papel decisivo en cada proceso social. Y si bien es cierto que el simple hecho de solo denunciar no genera un cambio, sabemos que es uno de los pasos iniciales y fundamentales, si pretendemos que nuestras vidas y las vidas de los demás sean distintas. Ya no nos conformamos únicamente con criticar y hablar, siendo revolucionarios de café; sabemos que una palabra sin acción es una palabra vacía. Aunque verbalizar es un acto trascendental, que marca sin duda alguna un buen comienzo, nuestro compromiso abarca romper con la cultura del silencio y denunciar toda injusticia.

Creemos en el no ser conformistas y sobre todo aprender, siempre pedir explicaciones, estudiar para adquirir poder trasformador y ayudar a todo aquel que lo necesite. No podemos ayudar a alguien si no tenemos recursos para hacerlo y para eso no hay otro camino que el conocer y aprender, aprendizaje dirigido desde la universidad como centro de conocimiento. Y aunque la universidad día con día vaya perdiendo su verdadera identidad social y su peso en nuestra realidad, alejándose cada vez de sus objetivos utilizando únicamente la bandera del cambio social como un cliché, nosotros sabemos que la realidad ya no necesita mas escapistas sino profesionales dispuestos a tratar de alterarla, y no entes pasivos que únicamente se adapten a lo ya establecido como suele suceder dentro de estas cuatro paredes. Como diría el padre Nacho, hay que ser un poco desadaptado creando tensión, con el objetivo de no canalizar intereses de aquellos y aquellas que ostentan el poder y un orden como realidades definitivas e inalterables.

Si en este momento están analizando nuestro discurso y divisan muchos sueños y se dan el lujo de criticarnos por ser soñadores, pues créannos que eso somos: hemos aprendido que la magia del creer y soñar no puede perderse pues la vida esta llena de sueños que se trasformaron en realidades. Pero junto al acto de soñar, tenemos que tener una base para hacerlo. Nuestro momento histórico todavía se está maquinando pero desde ya déjennos decirles, con toda la autoridad que nuestros compañeros y compañeras nos han delegado, que somos una generación comprometida, somos jóvenes nietos de la guerra, comprometidos con un solo objetivo: buscar día con día a través de nuestro ejercicio profesional un El Salvador mejor para todos y todas. Estamos concientes, colegas aquí presentes, que el reto es grande; pero nuestra inteligencia y capacidad sobrepasa la grandeza de este reto.

* Escritores y colaboradores:
Armando Arita (escritor, tercer año)
Beatriz Chávez P. (escritora, segundo año)
Emilia Elena Pérez (escritora, primer año)
Oscar Arnulfo Ayala (colaborador y expositor, cuarto año)
Raúl Palencia (colaborador, tercer año)
Manuel Escalante (escritor y expositor, cuarto año)