Efectos del status socioeconómico en la salud (y en la cara)

¡Feliz Año Nuevo! Continuamos nuestra programación irregular señalando algunos factores psicológicos y de salud que se relacionan a situaciones de pobreza y desigualdad económica. Estos temas, claro, son sumamente complejos y no pretendemos abordarlos con exhaustividad acá, sino explorar algunos factores asociados en la vida cotidiana.

En el sitio Ciencia Cognitiva se explica brevemente el impacto psicológico de la desigualdad económica, partiendo de la pregunta sobre si ser ricos o ser pobres (y cómo esta brecha continúa expandiéndose, “condiciona la manera de comportarnos y relacionarnos con las personas de nuestro entorno”:

Investigaciones recientes indican que las personas que viven en sociedades más desiguales tienden a desconfiar más de los demás, a competir más por los recursos económicos y aumentan su tolerancia hacia la misma desigualdad, lo que redunda en el mantenimiento o incluso el incremento de la desigualdad.

 

El impacto psicológico de la desigualdad económica

En la entrada se desarrollan los puntos arriba mencionados. Existe evidencia de que estas condiciones y otras asociadas a la desigualdad y al status socioeconómico impactan en la salud, incluso en nuestra apariencia. Las personas pueden presuponer el status socioeconómico  de otra, y no simplemente por la ropa que usa.

Un estudio publicado en el 2017 encontró que, con solo ver el rostro de una persona, la gente podía juzgar de modo confiable si esa persona era rica o pobre. En el resumen de esta investigación se señala (traducción nuestra):

Para comprender mejor cómo la gente infiere la clase social de otros, probamos la legibilidad de clase (operacionalizada como ingreso monetario) de imágenes faciales, encontrando, en 4 muestras de participantes y dos juegos de estímulos, que participantes categorizaban las caras de ricos y pobres más que por azar. Una investigación de seguimiento mostró que la gente categoriza la clase social usando claves faciales mínimas y emplean una variedad de impresiones basadas en estereotipos para hacer estos juicios. De estos [estereotipos], el atractivo fue una clave social que indicaba con mayor exactitud una clase social más alta en fotos auto-seleccionadas para un perfil de citas.

Los autores de esta investigación declaran que, con el paso del tiempo, el rostro refleja y revela de modo permanente las experiencias de vida (en el enlace anterior se muestran los rostros presentados a los participantes). Estos efectos de la experiencia vital incluyen, sí, qué tan atractiva parece una persona. La apariencia, más allá de la vestimenta, tiende a ser el punto de partida para juzgar a una persona, a veces de modo inmediato y automático (recuérdese el efecto halo). Otra parte del resumen mencionado arriba señala que estos juicios tienen efectos más amplios, como el que la gente rica tiene más probabilidades de ser contratada en un empleo.

En este estudio, además, se reporta que los efectos de estos juicios sobre el rostro de una persona desaparecían si la persona sonreía. Siempre se habla de las bondades de sonreír, que es mejor enfrentar la vida con una sonrisa y otras frases alentadoras y motivacionales. Sin embargo, pertenecer a un status socioeconómico bajo suele traer no muchas razones para sonreír, como escriba una autora en su artículo:  “La gente pobre no hace planes a largo plazo. Solo terminaríamos con el corazón roto” (traducción nuestra):

No aplicamos a empleos porque sabemos que no podemos vernos lo suficientemente bien para mantenerlos. Yo podría ser una super secretaria en el ámbito legal pero me han rechazado más de una vez porque “no me ajusto a la imagen de la firma” […] No soy hermosa. Me faltan dientes y tengo la piel de alguien que vive de B12 y café y nicotina y no duerme. La belleza es algo que uno no puede costearse, y [con belleza] es como se obtiene el trabajo que uno necesita para poder embellecerse. No hay mucho punto en intentarlo.

 

[…]

 

La pobreza es desalentadora y desconecta tu pensamiento a largo plazo. Esa es la razón por la que usted ve gente con hijos de cuatro padres diferentes en lugar de uno solo. Uno se aferra a cualquier pequeña conexión siempre que sea posible para sobrevivir. Usted no tiene idea de cuán fuerte es el impulso de sentir que uno vale algo. Eso es más básico que la comida.

[…]

 

No pido simpatía. Solo estoy tratando de explicar, a un nivel humano, cómo es que las personas toman, lo que parece desde fuera, decisiones terribles. Así son nuestras vidas, y estos son nuestros mecanismos de defensa, y he aquí por qué pensamos diferente. Ciertamente es contraproducente, pero es más seguro. Eso es todo.

Bajo estas condiciones de vida, no es extraño que un nivel socioeconómico bajo esté ligado a una menor expectativa de vida. Una investigación a gran escala, publicada en el 2017, argumenta que las políticas de salud pública deben considerar el status socieconómico bajo como un gran factor de riesgo para la salud y la mortalidad temprana.

Esta investigación, publicada en The Lancet (disponible aquí), se llevó a cabo con datos de 48 estudios, abarcando 1.7 millones de personas de distintos países:

Aunque el status socioeconómico es uno de los predictores más fuertes de enfermedad y mortalidad temprana a nivel mundial, con frecuencia se pasa por alto en políticas de salud.

 

[La autora principal del estudio, Dr Silvia Stringhini, de Lausanne University Hospital, Suiza, declaró que] “reducir la pobreza, mejorar la educación y crear entornos más seguros en el hogar, la escuela y el trabajo son esfuerzos centrales para superar el impacto de la privación socioeconómica. Al hacer esto, el status socioeconómico puede ser abordado y mejorado, llevando a la obtención de mayores recursos y salud para muchas personas”.

 

Bajo status socioeconómico reduce la expectativa de vida y debe contarse como gran riesgo de salud en la política pública, según un estudio

Aunque esta investigación, como cualquier otra, tiene diversas limitaciones, sus resultados sostienen que la pobreza, y la desigualdad y el status socioeconómico trascienden al individuo, en sus causas y efectos. Como se declara en el enlace arriba citado, el status socioeconómico es una medida “resumen” de a qué tanto se ve expuesta una persona, a lo largo de su vida, en términos de circunstancias y comportamientos, por lo que vale la pena examinarlo más de cerca en intervenciones psicosociales y de salud.

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