A propósito del Día del Psicólogo y la psicóloga en El Salvador

Si queremos que la Psicología realice algún aporte significativo a la historia de nuestros pueblos, si como psicólogos queremos contribuir al desarrollo de los países latinoamericanos, necesitamos replantearnos nuestro bagaje teórico y práctico, pero replanteárnoslo desde la vida de nuestros propios pueblos, desde sus sufrimientos, sus aspiraciones y luchas. Si se me permite formular esta propuesta en términos latinoamericanos, hay que afirmar que si pretendemos que la Psicología contribuya a la liberación de nuestros pueblos, tenemos que elaborar una Psicología de la liberación. Pero elaborar una psicología de la liberación no es una tarea simplemente teórica, sino primero y fundamentalmente práctica. Por eso, si la Psicología latinoamericana quiere lanzarse por el camino de la liberación tiene que romper con su propia esclavitud. En otras palabras, realizar una Psicología de la liberación exige primero lograr una liberación de la Psicología. […] y esa liberación sólo llega de la mano con una praxis comprometida con los sufrimientos y esperanzas de los pueblos latinoamericanos.

Ignacio Martín-Baró, 1986.

Hace 21 años se nos planteaba un reto y ese camino para superar las deficiencias que como profesionales mostrábamos ante la realidad que se vivía en El Salvador. Las condiciones han variado poco desde entonces hasta ahora, pues la gente sigue sufriendo situaciones que se creían serían solucionadas al finalizar la guerra que dejó como saldo también la muerte de uno de los psicólogos salvadoreños más importantes.

Nuestro trabajo ha evolucionado, hemos logrado un lugar distinto en y ante la sociedad en que nos desenvolvemos, muchas de nuestras herramientas han cambiado también y nosotros mismos tenemos visiones más diversas frente a lo que ocurre en nuestra sociedad, nuestro campo de acción es más diverso y de igual manera los problemas que enfrentamos son distintos y se complejizan cada vez más por el avance de la globalización y sus efectos en las relaciones sociales y las personas.

Ese reto que se nos planteaba hace 21 años no ha perdido vigencia. La diferencia es que quizá hoy más que antes estamos conscientes de nuestro papel y la sociedad salvadoreña sabe que nuestro aporte puede ir más allá de dar terapia, atender problemas escolares o seleccionar personal para una empresa.

Actualmente graves problemas afectan el tejido social salvadoreño y a las personas que conformamos esta sociedad y estos se irán haciendo cada vez más graves si no atendemos ese reto que lleva once años vigente. Es ahora más que nunca que que debemos estar cerca de las gentes, comprometernos con ellas, conocer sus necesidades, sus dinámicas personales y sociales y su evolución. Porque ese es la ruta que nos va a llevar a que demos los aportes que necesita esta sociedad para liberarse de esos problemas que la aquejan.