Desmontando la “ciencia de la felicidad”.

La semana anterior, la Organización de las Naciones Unidas celebró el Día Internacional de la Felicidad. Ese día se celebra desde el 2013 para reconocer la importancia de incluir el bienestar en las políticas públicas.

El concepto de felicidad es difícil de definir y, desde la psicología (por ejemplo), se examina y se incluye como un componente más del bienestar. Aunque esta disciplina intenta medir la felicidad, esta no se mide conceptualmente sino que se evalúa qué tanto las personas se consideran felices. Esta felicidad subjetiva, auto-reportada, se vincula luego a otros fenómenos personales y sociales, y es ahí donde podemos encontrar conexiones significativas sobre qué significa felicidad para grupos específicos de personas.

Por otro lado, lejos de estudios que se apegan al método científico, en el día a día “ser feliz” puede resultar un mandato. Los medios y la sociedad (en términos generales) tiende a asumir “tallas única” al cuestionarnos sobre nuestra felicidad o la falta de ella. En esa línea, en este blog hemos abogado por no ser positivos todo el tiempo, hemos hablado de las aplicaciones y advertencias de la psicología positiva, y de temas más amplios como la satisfacción con la vida.

Hace algunos años, la psicología (anglosajona) fue sacudida por un estudiante a tiempo parcial, quien refutó las dudosas propuestas de la “ciencia de la felicidad”. Específicamente, se develó el cuestionable manejo que algunos investigadores hacían de sus estudios en el tema, estudios cuyos resultados son del tipo que pasa a ser a titulares de noticias:

El problema es que aquel estudio era “totalmente defectuoso” y establecía “asociaciones espurias” entre datos genéticos y psicológicos, según denuncia ahora Nick Brown, el hombre que hoy desmonta uno de los pilares de la psicología positiva, una industria que mueve millones de euros entre charlas, cursos de coaching y libros de autoayuda.

 

Un aficionado desmonta la millonaria industria de la “ciencia de la felicidad”

El “aficionado” en cuestión era Nicholas Brown, estudiante de postgrado de psicología, de más de 50 años (su edad y su status de estudiante explica, en parte, la posición en la que se encontraba que le ayudó a cuestionar públicamente a un campo de investigación: como él menciona en el enlace arriba, no tenía nada que perder). Brown encontró graves problemas en las matemáticas que hacían concluir a una Barbara Frederickson, renombrada investigadora de la psicología positiva, que había un “número mágico” de la felicidad. Eso no era cierto, como Brown y su equipo comprobaron con este estudio, y este estudio, entre otros.

En la década previa a que Brown hiciera públicas sus investigaciones, la psicología positiva había ganado terreno, pasando de ser un campo de estudio científico a una enorme industria de auto-ayuda con su inherente prosa motivacional. El que las matemáticas de la felicidad se develaran como un fraude nos recuerda que los hallazgos en psicología deben tomarse con cautela, sobre todo si suenan demasiado buenos como para ser verdad. El conocimiento se construye en conjunto, bajo una mirada colectiva crítica, la cual muchas veces requiere de otras disciplinas.

“Hacernos felices es algo que parece proponernos la psicología positiva, como pretendida ciencia de la felicidad o ciencia del bienestar. Sin embargo, la psicología positiva deja mucho que desear como ciencia y no deja de tener su lado negativo tras su aparente inocencia. Su pretendido carácter científico puede que sea más que nada un marchamo cientifista. Una manera de encubrir su carácter ideológico dentro del pensamiento positivo tradicional y del capitalismo consumista actual”, exponía en un reciente artículo Marino Pérez, catedrático de Psicología de la Universidad de Oviedo. Para este experto, hay una legión de psicólogos positivos, coaches, oradores motivacionales y emprendedores de la industria de la autoayuda que “predican esta nueva psicología que tal parece que estuvieran promoviendo un tipo de religión”.

 

Un aficionado desmonta la millonaria industria de la “ciencia de la felicidad

No se trata acá de desestimar el estudio psicológico de la felicidad y el bienestar. Al contrario, como sugerimos al principio, investigadores en psicología profundizan en estos temas y con su trabajo aporta a mejorar la calidad de vida de diversos grupos de personas. Recordar la complejidad de conceptos relacionados al bienestar nos ayudará a construir un significado más amplio del Día Internacional de la Felicidad cuando llegue el próximo año.

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