Desesperanza y promesas de seguridad en tiempos de elecciones.

El próximo 2 de febrero son las elecciones presidenciales en El Salvador. Mucho se ha escrito sobre la campaña electoral larga, cara, y en absoluto propositiva, con un supuesto “debate” entremedio que fue más bien un foro para que los candidatos continuaran su publicidad.

Tal vez por deformación profesional, tal vez por negación de la realidad, tal vez por un desborde narcisista o simplemente por cierta embriaguez con el poder…pero el hecho es que casi todos los políticos creen ser buenos comunicadores.

La mayoría de ellos está férreamente convencida de sus dotes comunicacionales, de su habilidad para convencer, de las conclusiones inequívocas de su experiencia y del mandato férreo de su intuición.

La comunicación política

Las “propuestas” electorales son un reflejo de lo que nos atrevemos a pedir o lo que dejamos que sea presentado como “nuestra” necesidad. Tomemos como ejemplo la seguridad. Esta se ha vuelto el eje de la campaña antes que necesidades fundamentales o estratégicas como la educación, la salud, la seguridad alimentaria o la reducción de la vulnerabilidad frente al cambio climático.

Si bien el tema es importante, no es el único que preocupa a la población o debería preocupar a quien se ocupe de administrar el destino del país. Lo que refleja, en cualquier caso, es la dinámica de intereses creados a conveniencia de un sector y cómo estos se usan como necesidades generalizadas de la población, aprovechando la desesperanza aprendida de la misma.

La presencia y uso de una tendencia histórica en la construcción del ideario del salvadoreño y la salvadoreña como una población en permanente amenaza ha sido explotado una vez más. En el pasado fue la amenaza comunista, subversiva, guerrillera, terrorista, etc. ahora es la amenaza pandillera, de la delincuencia. Ante todas ellas, la respuesta de los auto proclamados salvadores de turno: el uso de la fuerza para erradicar la amenaza del país, cueste lo que cueste y sin importar consecuencias y pérdidas secundarias.

En esta línea, no resulta novedoso que el discurso sobre la necesidad de seguridad se instale como uno de los grandes asuntos en que ha versado el discurso de los candidatos. De hecho, el candidato de derecha ha usado este tema como su principal baza frente a la población: sus planes pasan por la militarización y el uso de cualquier recurso que sea necesario para erradicar las pandillas. Al respecto cabe destacar que el origen de dicho partido está ligado a los grupos que financiaron y organizaron los “escuadrones de la muerte”. Así entonces, ese “lo que sea necesario” y el “ya sabemos lo que tenemos que hacer” usados por el mismo en su campaña no dejan de resultar sospechosos y peligrosos dada la historia reciente del país y de su origen partidario.

Poco se ha reflexionado sobre lo peligroso el mensaje transmitido por este candidato y por el resto de propuestas de derecha: estado de sitio, militarización, ley marcial, toque de queda, servicio militar obligatorio, entre otras. Todas reflejo de otras tendencias en el ideario de nuestra población: la violencia como medio de resolución preferido, la inmediatez antes que la construcción de algo a largo plazo.

Como hemos visto con los desalojos de vendedores ambulantes (realizados desde la alcaldía por uno de los actuales candidatos a la presidencia), con el rumor sobre un toque de queda por parte de las pandillas o con cualquier noticia sobre muerte de pandilleros en las prisiones, la tolerancia  o incluso apoyo público a las alternativas del estilo “solución final”  son invocadas con frecuencia. Así, un discurso público que valida esta clase de alternativas y que incluso ofrece oficializarlas no deja de ser obviamente peligroso para la lenta consolidación de nuestra sociedad como un proyecto viable.

La escasa reflexión acerca de estos temas, sumada a la creencia en soluciones inmediatas favorece el tipo de campaña experimentada hasta hoy. Curiosamente, se suele señalar a las propuestas como un factor diferencial para la selección de un candidato, pero la ausencia de estas no parece variar la intención de la población por ir a votar, aunque en algunos espacios se han generado iniciativas de anulación de voto.

Como fuere, la sensación generalizada ante estas elecciones y casi todos los procesos electorales pasados es de poca o nula esperanza. En 2008 se publicó un artículo sobre las actitudes y la desesperanza en la participación política de jóvenes universitarios de algunos países, entre ellos El Salvador. Se reportó una participación muy elevada entre los estudiantes salvadoreños (25 puntos superior a la tasa de participación electoral oficial del país), aunque es importante poner atención al hecho de que quienes respondieron provenían de dos reconocidas universidades privadas.

El artículo puede leerse completo aquí, y destacamos esto:

en este trabajo se aprecia que los estudiantes más satisfechos con su situación económica, los pertenecientes a las clases sociales más altas y quienes no compatibilizan sus estudios con actividad laboral -probablemente los más satisfechos con el status quo-, presentan una menor participación electoral. Por el contrario, una peor situación económica parece impulsar la conducta de voto entre los estudiantes de psicología. De hecho, al analizar los diferentes sucesos estresantes vividos por los entrevistados, se observa que haber padecido problemas económicos resulta más habitual entre quienes votaron. La necesidad percibida de incidir en la situación política para favorecer una mejora personal pudiera impulsar la participación electoral.

Si bien el mensaje de campaña suele traducirse en una serie de promesas de mejora de muchas cosa, el mensaje no parece calar. Valorando las voces que hablan de anular el voto y las de quienes no votan, da la impresión que ninguna de las ofertas de los candidatos parece dar con la tecla de conllevar la promesa de mejoras personales.

Por mucho, permanece en el aire la sensación de elegir el menos peor. Muchos ya tienen decidido su voto y difícilmente cambiarán de opinión a pesar de lo nutrido que los medios machacan el tema que les vincula con el principal partido de derecha. El voto “duro” marca la tendencia una vez más para la izquierda – el voto duro de la derecha se escindió luego de 2009 y no parece haberse reagrupado aún – y entre los votantes indecisos no parece haber consenso a favor de ninguna oferta. Curiosamente la intención de voto por uno de los candidatos parece verse arrastrada más por el deseo que el contrario no vuelva al poder [enlace a PDF].  En todos los casos, la desesperanza continuará campeando aunque cambien las banderas de quienes gobiernan. Esto, a menos que comience a cambiar la ecuación y que se empiece a romper con la idea del caudillismo, se evidencien los intereses creados y sus beneficiarios, y que la sensación de peligro se use a favor de una transformación.

Como primer paso, quizá sirva subrayar la importancia de involucrarse como ciudadanos en los diversos espacios que tenemos para interactuar:

Formar parte de organizaciones religiosas, grupos educativos o artísticos, partidos políticos, organizaciones en pro de los derechos humanos u ONG’s se encuentra relacionado con mayores tasas de participación electoral. Estos datos avalan la correlación observada por diferentes autores(Bekkers, 2005; Vázquez, Panadero & Rincón, 2005, en prensa) entre la pertenencia a asociaciones, grupos u organizaciones y la actividad política de sus miembros, reforzando la teoría señalada por Teorell (2003) según la cual los mecanismos de formación de capital social derivados de la adscripción a organizaciones, suponen uno de los mecanismos más relevantes en la explicación de la actividad política individual.

Implicaciones en las actitudes y desesperanza en la participación electoral de estudiantes españoles y latinoamericanos

Que las propuestas en próximos eventos electorales representen nuestras necesidades de mejoría dependerá mucho del comportamiento que tomemos frente al manejo del país en el futuro cercano. Y esto es especialmente relevante para la población más joven: participar, involucrarse, proponer, criticar y reflexionar son necesidades urgentes. Ejercer esto en espacios donde nos encontramos con otros, pensando en el futuro de nuestra comunidad, de nuestra familia, de todos, urge. Para romper con la desesperanza que venimos heredándonos necesitamos reforzar nuestra idea de ciudadanía y entender que esta va más allá de participar en los eventos electorales. Mientras tanto, sigamos aguantando la campaña electoral, que se vienen las elecciones de 2015.

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Lectura recomendada: El Salvador versus El Salvador.

De realizar un monitoreo de medios durante el último año y medio (algo parecido a lo que vienen haciendo en este sitio con los principales periódicos del país), sería interesante ver cómo la cobertura de las principales empresas mediáticas se ha movido en el sentido del discurso de un determinado candidato, especialmente en los últimos meses, reforzando o generando el clima propicio para que su agenda tuviera mayor calado.

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