De derecha o de izquierda, según el discurso y la apariencia.

Con el estado actual de la política a nivel internacional, escuchamos con frecuencia las posiciones de derecha y de izquierda, liberales y conservadores, republicanos y demócratas. Definir estos términos a cabalidad se escapa de las manos de este blog, pero con las ideas generales de lo que implica cada uno, revisamos dos estudios que ahondan en dos tendencias relacionadas a estas orientaciones políticas.

Un estudio publicado en enero 2016 sugirió que el lenguaje utilizado por personas con cargos políticos variaba según si eran liberales o conservadoras. En resumen, los conservadores tienden a usar más sustantivos que los liberales (quienes se inclinan por los adjetivos):

Nuestra inclinación política a la derecha o a la izquierda revela un aspecto fundamental de nuestra psique: cuánto nos atrae la estabilidad y la seguridad versus el cambio y la incertidumbre. Esto se manifiesta en nuestras actitudes y rasgos de personalidad. Por ejemplo, en promedio, políticos conservadores tienden a preferir una jerarquía establecida y son más meticulosos. Los liberales favorecen la igualdad y están más abiertos a nuevas experiencias.

Para este estudio, se realizó un análisis de 101 discursos de presidentes estadounidenses, y se recabaron datos de participantes de Polonia y Líbano, quienes debían finalizar una serie de frases. Los participantes con una orientación conservadora tendían a terminar las frase con un sustantivo,  y los de orientación liberal, con un adjetivo.

Esto va en línea con el enlace establecido entre tener una orientación conservadora y desear estabilidad, pues escoger un sustantivo para describir a alguien implica mayor seguridad y permanencia acerca de su ser (investigaciones previas han mostrado que aun niños de cinco años infieren mayor permanencia de las descripciones con sustantivos que de las descripciones con adjetivos).

 

Por qué a los conservadores les gusta usar sustantivos más que a los liberales (en inglés)

 

Un segundo estudio, publicado este mes, es mucho más espinoso. El tema que aborda explica, en parte, por qué la derecha extrema y su discurso de odio se han normalizado con facilidad en la actualidad: los políticos de derecha son más atractivos. El título de la investigación lo dice todo: “La apariencia correcta: los políticos conservadores se ven mejor y los votantes lo recompensan“.

“Nuestra explicación es que las personas más guapas ganan más dinero, lo que les hace menos proclives a la redistribución de la riqueza. Nuestro modelo de baja competencia dentro de los partidos predice que los votantes usan el aspecto de los candidatos como señal de conservadurismo y que son los políticos de derechas los que más se benefician entre los electores menos informados”, resumen los autores del trabajo.

 

La belleza es un portador de verdad. Lo bello nos parece cierto y verdadero y eso funciona casi en cualquier terreno”, apunta Antoni Gutiérrez-Rubí, asesor de comunicación política. Los mismos estudios que concluyeron que los feos tienen más difícil el acceso a un crédito bancario que los guapos se pueden aplicar en el panorama político. Es el llamado “efecto halo” o cómo la apariencia nos puede confundir hasta el error.

 

“El proceso de belleza suele tener que ver con la trayectoria social, cultural, alimenticia, por la calidad de vida, por un itinerario vital con mejor acceso a la salud, al deporte… Y esto suele estar asociado a la renta. Cuando te alimentas bien y tienes tiempo para ir al gimnasio y descansas bien y además te cuidas, lo normal es que parezcas más atractivo”, explica Gutiérrez-Rubí. “Y esa belleza construida es aspiracional para la gente. Todo queremos sentirnos mejor físicamente y vernos reflejados en aquel que lo representa con mayor naturalidad”.

 

Por qué los políticos de derechas son más guapos que los de izquierdas.

Este es un buen momento para recordar que el fascismo se asocia fuertemente con virilidad y belleza. Actualmente, algunos medios de comunicación se han volcado a elaborar perfiles de los líderes del movimiento alt-right (la corriente fascista presente), y en ellos se hace énfasis reiterado en su atractivo, en lo bien que se visten, en que son bien articulados para hablar. Presentar esta estética, que además es muy masculina, vuelve más digerible otros aspectos de estos líderes que tradicionalmente deberían alarmarnos.

(Mientras tanto, las mujeres en política deben lidiar con otras formas en que los medios abordan su trabajo: cuestionamientos a su carácter, su apariencia e incluso su peso. Pero eso es tema para otra entrada, y no se nos escapa el lenguaje ni la imagen que utilizamos en esta entrada, que transmite lo político como algo masculino).

Como siempre, recordamos que los resultados de estos estudios no deben tomarse como una verdad universal. En cualquier caso, aun si responden a a algunos estereotipos que tenemos, los resultados sugieren probabilidades, tendencias. Como sostiene un artículo, sobre cómo la personalidad y las actitudes políticas son independientes entre sí, puede ser difícil reconocer que el mundo es mucho más complejo de lo que quisiéramos; gente abierta a nuevas experiencias puede ser conservadora, mientras que gente meticulosa puede ser liberal.

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