Cuando a una persona le duele la muela…

…todo su Yo se aloja en esa muela. Dicen que dijo Sigmund Freud (¡Feliz cumpleaños, Freud!).

Depressed

/Via Psychology Notes. Click en la imagen para ir al original.

Mencionábamos brevemente en la entrada anterior, hablando de trastornos mentales, que poco se hace por comprender la experiencia subjetiva de quien sufre uno. Esto es cierto no sólo para muchos profesionales, si no, por mucho, para la población general.

A primera vista, puede ser difícil establecer quién es una persona con malestar dentro de la norma y quién con un trastorno mental, pues a fin de cuentas, ambas viven su cotidianidad lo mejor que pueden (y, por ejemplo, una persona con un cuadro depresivo puede resultarnos mucho más “normal” y llevadera que alguien sin este cuadro pero que trata a los demás con prepotencia). Más que categorías concretas, lo normal y lo anormal es un continuo dentro de una sola persona y entre personas.  

Ante un sufrimiento subjetivo de alguien que conocemos, nuestro impulso inicial es tratar de aliviarlo con algún consejo, con la buena intención de generar un cambio. Pero si es un malestar persistente y visible, a veces con causa difusa, se tiende a pensar que la persona está exagerando y dramatizando, que no tiene la voluntad o le falta carácter, o incluso que está inventándolo. Con un malestar o disfuncionalidad pasajera, las palabras de aliento, las “sacudidas” en la línea de “No estás deprimido, estás distraído” y consejos prácticos podrían bastar para cambiar la perspectiva y continuar el camino. Pero para alguien con un trastorno mental, estos elementos no sólo pueden no ayudar, sino que pueden complicar más su condición.

“No es innato el saber cómo tratar a alguien con un trastorno mental”, se dice en el artículo Nueve cosas que no se deben decir a alguien con un trastorno mental [en inglés], que reproducimos parcialmente a continuación (la traducción es nuestra):

1. “Ocupate, distraete”

“Con trastornos mentales significativos, [las distracciones] no funcionan, ni siquiera temporalmente”, sostiene Howes. Después de que una persona se esfuerza por experimentar algunas distracciones, se encuentra con que sus problemas siguen ahí. “Ignorar el problema no hace que se vaya”.

2. “¿Querés mejorarte?”

Para la blogger de salud mental Therese Borchard, esto fue lo más hiriente que le hayan dicho. Aun cuando ella sabe que la persona no tenía malas intenciones, tuvo un efecto poderoso. “Implicaba que yo estaba mal a propósito y que no tenía interés en buscar la salud, sin mencionar que yo era floja o que no me interesaba lo que debía hacer para mejorar”.

3. “Cambiá tu actitud”.

Aunque un cambio de perspectiva puede ser útil, no cura condiciones como el trastorno por déficit atencional e hiperactividad, el trastorno bipolar, el trastorno de estrés postraumático o la esquizofrenia, sostiene Howes. Y cambiar la actitud tampoco es tan fácil. “Es increíblemente difícil para una persona con un buen funcionamiento cambiar su actitud, ya no se diga para alguien que se ha debilitado por un trastorno mental”.

4. “Dejá de centrarte en lo malo y comenzá a vivir”.

De acuerdo a Barth, “uno de los errores más comunes es decirle a una persona que deje de centrarse en sí mismo o en las cosas malas, o en el pasado, y que comience a vivir”. ¿Por qué es tan problemático? Puede hacer que la persona se sienta aun peor sobre sí misma. “El hecho de que no puedan hacerlo es, en su mente, un signo más de su fracaso”.

5. “Tenés todo lo que necesitás para mejorarte”.

“Esto es bien intencionado pero para mí sonó como una condena contra mí por no estar tratando lo suficiente”, dice Borchard, también autor de Beyond Blue: Surviving Depression y Anxiety and Making the Most of Bad Genes. Además, puede que no sea certero. A veces las personas no tienen todo lo que necesitan para mejorar. “A veces necesitas un poco de asistencia”. 

6. “Podés superarlo. Todos se sienten así a veces”.

Todos experimentan una serie de emociones. Por ejemplo, todos se sienten tristes ocasionalmente. Pero la tristeza ocasional no es lo mismo que “un agujero de desesperanza donde es tan oscuro que se olvida cómo es la luz”, una descripción de la depresión que un paciente le dio a Howes. Sentirse ansioso no es lo mismo que tener un ataque de pánico, “una aterrorizante tormenta eléctrica de desesperanza, desprecio por uno mismo y la certeza absoluta de la muerte inmediata”. 

7. “Rezá”

El rezo es poderoso para muchas personas. Centrarse en uno mismo y sentir apoyo de un poder más alto puede ser muy útil, sostiene Howes. “[Pero] este consejo por sí solo puede minimizar el problema, ignorar muchos tratamientos médicos y psicológicos que han sido comprobados e incluso hacer sentir a alguien que no está siendo curado porque no tiene suficiente fe, lo que agrega insulto a la herida”.

8. “¿Por qué no podés trabajar?”

No hay duda que es difícil ver que alguien inteligente y competente es incapaz de trabajar. Pero decirle a una persona que ya está en apuros que es floja, está poniendo excusas o no está tratando lo suficiente es increíblemente doloroso, dice Fast.

Ella personalmente ha escuchado lo siguiente: “no veo por qué te cuesta tanto trabajar. Todos trabajan. Necesitás superarlo y trabajar”. El sólo preguntar “¿Por qué te es tan difícil?” puede hacer que una persona se pregunte qué está mal con ella, llegando a pensar: “¿Por qué no puedo trabajar? Tienen razón, soy un fracaso”, explica Fast. “Y se exigen más allá de sus límites”.

9. “Tenés la misma enfermedad que mi ______.”

Hace años, cuando la pareja de Fast, Ivan, que tiene trastorno bipolar, estaba en el hospital, ella aun no sabía nada del trastorno. Le contó a una amiga que Ivan tenía algo llamado “depresión maníaca”. La amiga de Fast respondió con: “Oh. Yo sé qué es eso. Mi abuelo la tenía y se disparó”. Una persona que Fast apenas conocía le dijo: “Mi tío tiene eso pero no sabemos adónde está”.

Las respuestas apropiadas

Mientras lee esto, usted puede estar preguntándose si entonces es mejor no decir nada. “El silencio es, en mi experiencia, la peor respuesta, pues generalmente se interpreta en el ámbito negativo”, dice Barth. De acuerdo a Howes, estas son las respuestas útiles:

  • “Exprese sinceramente su preocupación: ‘¿Te dan ataques de pánico? Lo lamento mucho, he escuchado que pueden ser horribles’ 
  • Ofrezca su apoyo: ‘Por favor hazme saber si necesitas algo, o si sólo quisieras hablar’.
  • Hábleles de la misma forma en que lo hacía antes, lo que les hace sentir que sus sentimientos y el respeto por ellos no ha cambiado: su relación es estable. Son la misma persona, sólo que lidiando con un problema que es menos obvio y visible que un brazo quebrado o la influenza”.

Cuando se trata de trastornos mentales, la gente hace todo tipo de comentarios, desde insensibles hasta indignantes. Cuando tenga duda, Hower sugiere ofrecer “compasión, apoyo y estabilidad en la relación y dejar el consejo a los expertos psicológicos o médicos…cualquier consejo más allá de ‘espero que hayas encontrado buen tratamiento’ y ‘vení a hablar conmigo cuando lo necesités’ puede experimentarse como intrusivo y puede llevar a más problemas”.

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