Cosa de hombres.

Reproducimos un breve artículo sobre la masculinidad, escrito por María Adela Mondelli, del sitio argentino de psicología Vivir Mejor Online. Recomendamos esta página, particularmente la sección de artículos (no, no “hace falta falta ser psicólogo/a” para comprenderlos).

Cosa de hombres
Por María Adela Mondelli

o “A ver quién es el que la tiene más grande”
(“Algo personal”, Joan Manuel Serrat)

La masculinidad parece definirse a partir de atributos a ostentar. Cualidades anatómicas, sexuales, funcionales, económicas, culturales, psicológicas, sociales, que determinarían qué es ser varón en cada sociedad. Atributos sobre los que por lo general no se pregunta… “viene dado” que en ESO se sostiene el “ser varón”.

Pero ¿porqué no se preguntan?, O ¿hasta cuándo no se lo preguntan los varones?. No se preguntan porque sus atributos no son puestos en duda… y no se lo preguntan, hasta que esos atributos no entran en discusión, hasta que no los sienten en riesgo de perderlos.

¿Existe una posibilidad de interrogar esos atributos desde sí mismo para el varón?…

Para poner en duda hay que … y, sí, dudar; y la verdad es que no le está muy permitido dudar. El varón que duda es mal mirado, al varón que duda se le cuestiona precisamente su “hombría”, su “ser varón”. El varón que duda queda en la periferia, en la periferia de la “verdad indiscutible” de alguno de los atributos que lo hace tal.

¿Cómo permitirse dudar sin -“este guerrero”- perder la batalla de entrada, entonces?

¿Puede el varón permitirse transgredir esos atributos asignados a lo masculino?

¿Qué se dirá de aquellos varones que se animen a transgredir el mandato “preguntándose” respecto de qué es la masculinidad?

El temor a quedar en un lugar feminizado -menospreciado en ese imaginario de “los atributos”-, dudando del “tener”, del “apostar”, del “confrontar”, del “competir”, impide a los varones preguntarse sobre su vida y su modo de relacionarse con los otros. Siempre es el otro/la otra, que no entiende, que no acepta, que no quiere… que no es “como tiene que ser” para sostenerle a él sus atributos de varón.

La esfera de la ciencia, de la tecnología, de la religión, de la política, de lo jurídico, de lo familiar, de lo sexual, todo entra en crisis cuando un varón se pregunta por su masculinidad. Le quedan pocas herramientas desde dónde sustentar su pensamiento, su duda, su pregunta … es muy difícil para el varón interrogar-se respecto de sus modos de estar en el mundo. Esto se observa cotidianamente en la consulta.

Para poner en duda esos atributos de lo masculino, hace falta una dosis de CORAJE del que -vaya paradoja de estos varones- muchos de ellos carecen. ¿Cómo dudar si en la duda se diluye su ser varón? : ¿Será realmente tan importante para mi tener esto? es una pregunta dificil de formularse.

Y es precisamente eso lo que esconde tanto atributo, tanto bastón de mando, tanto tener que medirse “quién la tiene más grande” … sin ellos, sin esa vara de medida, en el punto de la pregunta por ¿quién soy más allá de esto?, el varón siente temblar sus más ancestrales sostenes históricos.

Sostenes = CARGAS históricas: desde acceder al último modelo de automóvil hasta la obligación de ascenso social, desde la potencia sexual hasta el don de mando, la realización profesional o ser “padre de familia”… todo eso que constituye “lo masculino” es una pesada carga para el ser humano varón.