Contra diagnósticos especulativos: la regla Goldwater

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Tendemos a evaluar a otras personas casi automáticamente, y si estas exhiben un comportamiento que nos parece fuera de lo común, pensamos en términos de patología y anormalidad. Esta tendencia destaca aun más al hablar de una figura pública, porque tenemos mayor acceso a información sobre ella. Aunado a esto, si pensamos que la psicología es solo sentido común, la tentación de diagnosticar a alguien con una condición clínica o psiquiátrica es enorme.

Aun profesionales de la salud mental y el comportamiento humano pueden caer en esta tendencia, y eso es más preocupante. Realizar diagnósticos de este tipo no solo requiere de una sólida experticia y una inversión importante de tiempo y recursos en interactuar en la persona, también conlleva una gran responsabilidad para quien hace el diagnóstico.

La discusión sobre los diagnósticos especulativos en psiquiatría surgió en 1964, en Estados Unidos, cuando el senador Barry Goldwater fue candidato a la presidencia de ese país. Perdió por una serie de razones políticas, pero también tuvo peso un artículo que se publicó sobre él:

Durante la campaña, la revista Fact publicó un artículo titulado “¡1,189 psiquiatras dicen que Goldwater es psicológicamente inadecuado para ser presidente!”. El número vino de una encuesta informal de psiquiatras estadounidenses, e incluyó muchos comentarios sobre la estabilidad emocional y aptitud de Goldwater. El equipo de campaña de Goldwater demandó a la revista, la cual se encontró había difamado al senador […] Posteriormente, la APA presentó su regla sobre diagnósticos especulativos.

 

La regla Goldwater: Por qué comentar sobre la salud mental desde la distancia no ayuda (en inglés)

La Regla Goldwater fue implementada por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA) en 1973 para evitar especulaciones sobre el estado mental de figuras públicas. Cuando un psiquiatra o psicólogo intenta diagnosticar a una persona sin conocerla, está sugiriendo que debemos tener cuidado de sus acciones futuras o cuestionar sus habilidades, y estas proyecciones infundadas tendrán impacto en cómo otros responden a la persona en cuestión.

El Comité de Ética de la APA sostiene que está bien que un psiquiatra comparta su experticia sobre psiquiatría en términos generales. Lo que no es ético es ofrecer opinión profesional sobre un individuo sin haberle examinado (tanto declarar que tiene un trastorno mental como declarar que no lo tiene). La regla es solo obligatoria para psiquiatras pero puede aplicar muy bien a psicólogos y a las audiencias que les escuchan. Vale la pena recordar que los profesionales del comportamiento humano y la salud mental tienen limitaciones en su conocimiento; no “analizan” al primer vistazo, no “leen la mente”. La APA detalla:

  1. Cuando un psiquiatra comenta sobre el comportamiento, síntomas, diagnóstico, etc. de una figura pública sin su consentimiento, ese psiquiatra ha violado el principio de las evaluaciones psiquiátricas deben ser conducidas con consentimiento o autorización.
  2. Ofrecer una opinión personal sobre un individuo que el psiquiatra no ha examinado es un alejamiento de los métodos establecidos del examen, el cual requiere un estudio cuidadoso del historial médico y un examen de primera mano del paciente. Este comportamiento pone en peligro la integridad del psiquiatra y de la profesión.
  3. Cuando psiquiatras ofrecen opiniones médicas sobre un individuo que no han examinado, tienen el potencial de estigmatizar a aquellos con trastorno mental.

Figuras públicas, especialmente de la política y el entretenimiento, tienden a ser sujetos de especulación sobre su salud mental. Esto es particularmente dañino cuando las figuras mismas han reconocido que han sufrido periodos de pobre salud mental, algo de lo que nadie está exento. Por ello, es importante tomar con cautela las opiniones de profesionales sobre individuos específicos, aun si esas opiniones parezcan confirmar lo que nosotros creemos sobre ese individuo.

Bajo esta especulación sobre la salud mental de otra persona hay una vena desagradable de prejuicio. Se estima que una de cuatro personas experimentará un periodo de pobre salud mental. Sin embargo, trastornos como la depresión, la ansiedad, los trastornos alimentarios y el bipolar son estigmatizados, y rasgos de personalidad como narcisismo, neuroticismo y psicoticismo se usan como escarnio. Burlarse de una persona por su (supuesta) condición mental no es distinto de burlarse de alguien por tener una discapacidad física.

 

[…] Es trillado sugerir que la necesidad de un comediante por hacer reír a la gente es producto de una depresión profunda, o que las ambiciones de un político se fundan en la necesidad de reconocimiento que le faltó en la infancia. Estos son los argumentos de sabelotodos, y no nos ayudan a comprender las complejas raíces del comportamiento complejo.

 

La regla Goldwater: Por qué comentar sobre la salud mental desde la distancia no ayuda (en inglés)