Construyendo una identidad masculina alternativa: la experiencia del Centro Bartolomé de las Casas y Oxfam América en El Salvador.

A diario, se realizan esfuerzos en todas partes por cambiar patrones de comportamiento tradicionales pero perjudiciales. Uno de estos esfuerzos está reflejado en el artículo de Oxfam, que puede descargarse en su totalidad aquí (en inglés). Con el apoyo de la Oxfam, en el 2005, seis ONGs se juntaron para llevar a cabo una campaña por la prevención de la violencia de género en El Salvador. Algunos logramos ver parte de esta campaña, que llevaba el lema “entre vos y yo, una vida diferente”, apuntando a que una convivencia armónica es responsabilidad de hombres y de mujeres por igual.

Este es el resumen del artículo que compartimos, la traducción es nuestra:

El modelo hegemónico de masculinidad bajo el cual viven y crecen los hombres de El Salvador, hace énfasis en el control, la fuerza física y la inteligencia racional. Aspectos de estos elementos varían en cada sociedad y periodo, pero los elementos por sí mismos se han mantenido como una parte constante de las nociones que tiene un hombre sobre su identidad en el contexto de América Central del siglo XX, y son un riesgo real para la violencia basada en el género. Se necesita patrones de comportamiento masculino alternativos. Si bien estas alternativas existen en diversos ambientes, son largamente invisibles para la sociedad general. Este artículo presenta y discute el trabajo con hombres en el contexto más amplio de la sociedad civil y la campaña de Oxfam América para prevenir la violencia de género en El Salvador.

[Resumen tomado de la versión publicada en Gender & Development: Bird, S., Delgado, R., Madrigal, L., Ochoa, J., Tejeda, W. Constructing an alternative masculine identity: the experience of the Centro Bartolomé de las Casas and Oxfam America in El Salvador. Gender & Development Vol. 15(1),111-121].

Puede ser que esta intervención no tuviera el impacto de gran alcance que se esperaría, y no se sabe si sus resultados se mantendrán a largo plazo. Por supuesto, se requiere un trabajo sistemático y gran cantidad de recursos si se quiere abarcar más sectores por un periodo más largo que incluya un monitoreo y evaluación. Pero es un antecedente importante que no debe ignorarse, especialmente cuando demostró tener efectos positivos en las personas participantes y en su comunidad. A continuación, presentamos algunos extractos del artículo (Bird, Delgado, Madrigal, Ochoa y Tejeda, 2007), con traducción libre:

En el 2005, CS Sondea, una ONG de investigación salvadoreña, reveló que 56.4% de la población veía como comportamiento normal que un hombre le pegara a una mujer. Esto refleja lo que se comprende como comportamiento masculino aceptable en El Salvador, que enfatiza control, fuerza física y el tratamiento de mujeres como posesiones, sin derechos propios.

 

Los esfuerzos previos se han concentrado en denunciar casos específicos de violencia de género contra las mujeres, esta campaña apunta a influir en actitudes y comportamientos alrededor de los roles de género y la violencia de género, para cambiar los factores culturales que provocan un aumento en la discriminación y violencia basada en el género. Esta atención en la prevención también cambia la percepción de que la violencia de género es un problema de mujeres, o de que los hombres son los enemigos. En efecto, un aspecto importante de la campaña consiste en trabajar con hombres.

 

Los hombres no nacen siendo violentos. La creciente atención otorgada al problema de los hombres y la violencia muestra la importancia del ambiente y de la socialización, ideas y creencias culturalmente dominantes acerca del comportamiento masculino aceptable, e imágenes y estereotipos presentes en las vidas de los hombres. Y aún así, estas mismas imágenes y estereotipos pueden ser una fuente de esperanza: el modelo cultural hegemónico de masculinidad que genera violencia de género contra las mujeres es profundamente ideológicos pero no inmutable.

 

Como parte del programa, hombres del concejo municipal de Concepción Batres, una municipalidad rural en El Salvador que fue zona de combate durante la guerra, participaron en un taller de cinco días. En este taller, los participantes pudieron detectar la violencia en sus propias vidas, los procesos de socialización masculina que habían experimentado, y aprendieron herramientas sencillas para cambiar su comportamiento. Los participantes reportaron que tenían pocas oportunidades en sus vidas para jugar aparte de deportes competitivos, y aún menos oportunidades para expresar sus sentimientos más profundos, excepto a través de la risa o de la ira. Se sentían restringidos por el estereotipo masculino al que se esperaba que se conformaran, el de un “hombre verdadero”, fuerte física y emocionalmente, libre, rápido, inteligente y con muchas novias que son sus posesiones. Después del taller, los hombres continuaron manteniendo reuniones periódicas de seguimiento y de autoayuda, así como realizando acciones de apoyo para prevenir la violencia de género en el trabajo y en la familia. En otro proyecto reciente, CBC [Centro Bartolomé de Las Casas] ha trabajado con motoristas y empleados de una cooperativa del transporte público, que da servicio entre San Salvador y Santa Tecla.

 

Con frecuencia, los procesos de transformación generan tensiones con otros hombres. Dentro de un grupo de hombres, como miembros de familia o compañeros de trabajo, los hombres sostienen estereotipos sobre lo que consideran comportamiento masculino aceptable.

 

Desde la perspectiva de América Latina, el trabajo de masculinidades con hombres debe evitar un enfoque puramente racional, académico o teórico, aún cuando se trabaje con hombres con alto nivel educativo. Nuestra experiencia sugiere que una metodología experiencia, emocional, física y dinámica es más efectiva, trayendo una perspectiva teórica después de un periodo para apoyar las experiencias individuales de los participantes.

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