Comprender y resolver: investigación básica y aplicada.

Algunos estudios científicos pueden parecernos muy interesantes pero poco útiles o “traducibles” a la vida práctica. Comprender mejor un concepto o comportamiento no ayuda automáticamente a incidir sobre él en el día a día. “¿Y qué con eso? ¿Qué se hace con ese conocimiento? ¿Por qué no usan ese dinero en estudios útiles, como curar el cáncer o erradicar el hambre?”

El argumento es relativamente universal; sugiere que los esfuerzos humanos y financieros dirigidos a resolver algún problema de la naturaleza estarían mejor empleados en la atención de los problemas inmediatos de la población o de las naciones, en momentos particulares de la historia. Dicho argumento desconoce que la inversión en la producción de conocimiento favorece un mejor uso de los recursos, sustentado en una asignación basada en una mejor comprensión de los problemas que pretende resolver, y en el potencial (esperado) de desarrollo de tecnologías apropiadas para el estudio de dichos problemas.

 

Investigación básica y aplicada en psicología: tres modelos de desarrollo (PDF se descarga automáticamente)

La comprensión es esencial para la acción, y en las ciencias y profesiones, esta dinámica también requiere de muchos recursos y constante comunicación entre colegas, otras disciplinas…y quienes tienen el poder para tomar las decisiones importantes en una organización o sociedad. Lastimosamente, una sola persona no puede cumplir el doble rol de investigadora/tomadora de decisiones. Y quienes toman decisiones suelen hacerlo basándose en una comprensión limitada del problema que abordan, sin consultar la evidencia científica y basándose en los aspectos que más convienen según intereses propios.

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“Usar datos para tomar decisiones. Qué idea más novedosa”.

Aquí es importante conocer la distinción entre investigación básica e investigación aplicada:

La investigación aplicada examina un conjunto específico de circunstancias, y su objetivo último es relacionar los resultados a una situación particular. Es decir, la investigación aplicada utiliza los datos directamente para la aplicación en el mundo real.

La investigación básica se centra de principios fundamentales y la comprobación de teorías. Erróneamente, a veces se asume que la investigación básica no tiene aplicaciones prácticas. La historia de la ciencia está repleta de ejemplos de investigación básica que llevan a aplicaciones en el mundo real. El hecho de que un estudio no esté dirigido a un conjunto específico de circunstancias no significa que en el futuro sus hallazgos no pueden aplicarse a eventos específicos.

La investigación aplicada intenta resolver un problema específico, para un entorno o grupo de gente específicos. Por ejemplo:

  • Investigar qué tipo de tratamiento es el más efectivo para reducir la ansiedad.
  • Investigar qué estrategias funcionan mejor para motivar a trabajadores.
  • Estudiar distintos diseños de teclado para determinar cuál es el más eficiente y ergonómico.
  • Analizar qué tipo de claves inspiran a la gente para ser voluntarios en organizaciones de beneficencia.

Un ejemplo reciente visto en este blog se encuentra en el post sobre psicología y tortura. Una teoría general, la desesperanza aprendida*, se utiliza para un problema específico: “¿cómo hacer confesar a estos prisioneros?” Sea este ejemplo, por cierto, una advertencia de lo que ocurre cuando el conocimiento se utiliza de manera errada (la desesperanza aprendida obviamente no haría hablar a los prisioneros), y pasándose por encima toda ética (inducir la DA a través de la tortura).

* La desesperanza aprendida se ha utilizado de modo más exitoso en psicología clínica, en el tema de la depresión.

Un segundo ejemplo en ese mismo post es el uso del Protocolo de Estambul, un instrumento para documentar torturas y malos tratos. El uso de instrumentos y escalas para evaluar y diagnosticar también se considera investigación aplicada, pues permite tomar decisiones y establecer cursos de acción con respecto a personas específicas: inteligencia, logro y desempeño, detección de trastornos, selección de personal, aptitud vocacional, confesión bajo tortura (para el caso del Protocolo), etc.

Un ejemplo más es la línea de investigación de P. Zimbardo, sobre el poder de la situación. Desde sus primeros estudios sobre la vandalización de un auto abandonado en una calle, llegando al experimento de la cárcel de Stanford, que décadas más tarde lo harían atestiguar como experto en los juicios contra soldados que cometieron torturas en Irak y Afganistán…y que lo harían señalar al entonces presidente de Estados Unidos, George Bush, y otros políticos de alto rango, como los responsables últimos de estos crímenes de guerra (y Zimbardo no es el único).

Un último ejemplo de la distinción entre investigación básica y aplicada es el desarrollo del conductismo (PDF), que pasó de estudios sobre reforzamiento con ratas hasta intervenciones de modificación de conducta en el área de salud y psiquiatría, psicología educativa, entre muchas otras.

La humanidad tiene mucho que agradecerle a las ratas de Skinner.

La investigación aplicada puede considerarse un enlace entre ciencia y sociedad. En psicología, es menos visible que la investigación básica, pero se utiliza de una u otra manera en todos los ámbitos de la vida humana, para resolver problemas y tomar decisiones. Así, los ámbitos “tradicionales” de psicología se están expandiendo, abriendo paso a otros más “aplicados”, pero que igualmente requieren de la investigación básica para funcionar: los ámbitos jurídico, político, de la salud, del medio ambiente, del deporte, publicidad, accidentes de transporte, la ergonomía, etc. Para más ejemplos, puede consultarse la Enciclopedia de Psicología Aplicada (en inglés).

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