Cómo la alegría, la soledad y el trabajo doméstico rompen el corazón.

La distinción entre lo “físico” y lo “psíquico” al hablar de enfermedades y trastornos suele ser más teórica que práctica. La interconexión entre ambas dimensiones es innegable, como hemos visto antes al hablar de algunas condiciones cardiacas. A manera de recordatorio, nos referimos al “síndrome del corazón roto”:

“En la mayoría de los casos se produce por un estrés muy fuerte y súbito”, explica el doctor Albert Ariza, responsable de la Unidad Coronaria del Hospital Universitario de Bellvitge y vocal de la Sección de Cardiopatía Isquémica de la Sociedad Española del Corazón. “Esto provoca la liberación repentina de grandes dosis de catecolaminas, unas sustancias similares a la adrenalina que provocan una contracción del corazón más fuerte de lo habitual, en concreto en el ventrículo izquierdo. Por fortuna, casi todos los enfermos se recuperan en una o dos semanas”.

 

En tu próxima ruptura sufrirás el ‘síndrome del corazón roto’

En este síndrome, el estrés puede provenir de muchas fuentes, desde una ruptura amorosa hasta la muerte de alguien querido. Pero, notablemente, emociones que se experimentan como positivas, como la alegría también pueden generar el síndrome del corazón roto. A fin de cuentas, es el corazón reaccionando a emociones fuertes. Sean positivas o negativas, las emociones se mueven en los mismos caminos dentro del sistema nervioso central.

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De vuelta a las emociones negativas, se ha encontrado que la soledad y el aislamiento social aumentan el riesgo de padecer enfermedades cardiacas. Pero, como ocurre con la explicación de muchos fenómenos, no es que la soledad por sí misma genere un ataque cardíaco; la influencia de las relaciones sociales, por ejemplo, pueden tener impacto en la morbilidad. De modo que hay factores que median esta relación soledad-cardiopatías:

Hay muchas maneras en que estar solo y aislado puede influenciar la salud y el aparecimiento de varias enfermedades, incluyendo condiciones del corazón. Por ejemplo, personas que están solas pueden tener dietas menos saludables, o no ejercitarse o dormir mucho; también pueden tener menos tendencia a tomar medicamentos o ir al médico.

 

Todos estos factores, o simplemente el estrés y la tristeza de encontrarse solo, puede aumentar la presión sanguínea y la inflamación, lo que a su vez puede llevar a una enfermedad del corazón. Estudios previos han encontrado que personas que tenían menos conexiones sociales mostraban presión arterial más alta, así como niveles más altos de un marcador [biológico] de inflamación en la sangre.

Un estudio más nos ayuda a ejemplificar de cómo la complejidad de las relaciones sociales (sobre todo las “tradicionales”) pueden impactar la condición del corazón. Previamente mostramos que los síntomas del ataque cardíaco en mujeres muchas veces pasan desapercibidos o se les resta importancia, en parte por falta de información, y en parte por algunos roles y expectativas que se asignan a las mujeres.

En este sentido, se ha señalado que la crianza y las labores domésticas aumentan el riesgo de las mujeres de sufrir una enfermedad cardíaca y fallecer a causa de ella:

Las mujeres que tienen una enfermedad cardíaca tienden a tener peores síntomas y tienen más probabilidades de morir por ello que los hombres. Hasta ahora, ha sido difícil distinguir si esto se debe a diferencias en la biología o en estilos de vida. Pero un nuevo método para observar por separado los factores fisiológicos y los sociales ha mostrado que ocuparse de la crianza y realizar labores domésticas dan cuenta de esta diferencia más que los factores biológicos.

La conclusión de este estudio proviene del análisis de cientos de personas en Canadá, que fueron tratadas por síndrome coronario agudo (SCA) antes de los 55 años; es aproximadamente a esa edad en que las diferencias de salud se vuelven más severas entre hombres y mujeres con esa condición:

Datos de Statistics Canada sugieren que las mujeres pasan alrededor de 65% más tiempo realizando labores domésticas no remuneradas que los hombres, incluyendo trabajo doméstico y mantenimiento del hogar y jardín. En promedio, las mujeres pasan alrededor de 14 horas por semana en estas labores, mientras que los hombres pasan alrededor de ocho horas en lo mismo. Es un patrón que se ve en otros lados: en cualquier día, 20% de hombre estadounidenses realiza trabajos domésticos, comparado con 49% de mujeres, mientras que en el Reino Unido, las mujeres cargan con alrededor del 7% de trabajo doméstico.

 

[La investigadora principal del estudio, Colleen] Norris también encontró que las mujeres tienen más probabilidades de cuidar a otros miembros de la familia, aun si ellas mismas están enfermas.

 

Tendencias similares se observan en otros países. Un estudio en Finlandia, por ejemplo, ha encontrado que los hombres tienen más probabilidades de sobrevivir un ataque cardíaco si están casados, pero lo opuesto es cierto para mujeres: las mujeres solteras se recuperan mejor que aquellas que están casadas.

Uno no dejará de sentir emociones, y no todas las personas que experimenten emociones intensas sufrirán alguna dolencia del corazón. En cuanto a factores estructurales como los roles de género (difícilmente superados), siempre puede hacerse algo desde nuestra posición personal para cambiar nuestro entorno inmediato, sin importar el género. En última instancia, estos y otros estudios sobre factores psicológicos en la enfermedad cardiaca subrayan la necesidad de informarnos y cuidarnos, en todo aspecto de la salud.

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