Cómo decidimos quién es experto y quién no.

Lo que nos hace establecer quién es una fuente fidedigna de información y quién no lo es, es un asunto muy delicado, y no siempre tiene que ver con la experticia objetiva de quien estamos evaluando. Los medios de comunicación tienen una cuota de responsabilidad al propagar la pseudociencia y las noticias engañosas. Pero esto también engancha con la manera en que funcionamos:

Primero, necesitamos entender la teoría de la razón motivada, que explica muchos misterios sobre los humanos…en particular, cómo se aferran a creencias personalmente importantes al enfrentarse a evidencia contraria, y cómo se les ocurren argumentos sofisticados y complejos para explicar por qué esas creencias son correctas.

Esta teoría sostiene que, dado que muchas de nuestras visiones son importantes para nuestras identidades, nuestros sentidos de Yo y afiliaciones grupales (p.e., ser demócrata o republicano), nuestros cerebros etiquetan emocionalmente nueva información basándose en cómo calza en una visión de mundo preexistente más amplia. Mucho de esto ocurre inconscientemente; ni siquiera nos damos cuenta de ello. Pero dado que ocurre, estamos predispuestos a sospechar -o rechazar inmediatamente- nueva información que cuestiona nuestras creencias existentes, y a darle la bienvenida a nueva información que apoye esas creencias.

La problemática psicología tras cómo decidimos quién es un científico “experto”…y quién no lo es.

La gente tiende incluso a creer más en los comentarios que lee en internet que a otras fuentes de información y evidencias más rigurosas, porque consideran que los comentarios provienen de una fuente “neutral” y desinteresada (frente a, por ejemplo, un médico que “sólo quiere ganar más dinero”).

Ello explica en parte, por ejemplo, la crisis del rechazo a las vacunas en Estados Unidos, que ha generado un rebrote de sarampión; o la negación del cambio climático; o por qué tomamos partido por victimarios cuando han sido acusados de un delito, cuando son personajes reconocidos, y culpabilizamos a la víctima.

“No creo en el calentamiento global”.

Otro problema es que el auge del cerebrocentrismo, y de todo aquello que lleve el prefijo “neuro“, también ha cambiado la valoración que hacemos de la información.

Imagine que un político del partido de su preferencia está en problemas por supuestos delitos menores. Él ha sido evaluado por un experto que dice que probablemente sufre de las primeras etapas de Alzheimer. Si este diagnóstico es correcto, su político tendrá que renunciar, y será reemplazado por un candidato del partido contrincante.

Este fue el escenario presentado a participantes en un nuevo estudio hecho por Geoffrey Munro Cynthia Munro. Un giro vital es que la mitad de los 106 estudiantes participantes leyeron una versión de la historia en la que el experto en demencia basaba su diagnóstico en tests cognitivos detallados; la otra mitad leyó una versión en que utilizaba imágenes de resonancia magnética (IRM). El resto de los detalles eran los mismo, como los años del experto en la disciplina, y el detalle de las diferentes técnicas que utilizó.

La gente es más rápida para desestimar evidencia de la psicología que de la neurociencia.

La mayoría de estudiantes consideró la evidencia del IRM como más convincente. En realidad, el Alzheimer se diagnostica por medio de tests cognitivos. El artículo señala que esto va en línea con la desconfianza que se tiene de la psicología, considerada una “ciencia blanda”, si es que ciencia. La información con términos técnicos se considera más científica, aun si la explicación es, en realidad, errónea.

Todas las personas tenemos sesgos, incluyendo a los considerados expertos. Lo que sugiere el primer artículo citado es no necesariamente confiar en un científico individual, sino en la comunidad científica como un todo; ciertamente dentro de ella hay muchos puntos de vista, a veces contradictorios, y que constantemente deben ponerse a prueba. Pero dentro de esta comunidad, esa diversidad y cuestionamiento son alentados como la manera de avanzar en el conocimiento y tomar mejores decisiones y acciones acertadas. Aun si no siempre funciona, es el mejor sistema hasta la fecha.

Y por supuesto, como tarea personal, parte de la solución pasa con contar con toda la información posible…lo que incluye considerar la que va en contra de nuestras creencias.

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