Ciencia, empatía y narrativa: el legado de Oliver Sacks.

Muchas personas conocieron a Oliver Sacks el año pasado, cuando publicó un ensayo en el New York Times, My own life (De mi propia vida). En él, el neurólogo de 82 años comunicaba que tenía cáncer terminal y que le quedaban algunos meses de vida, una vida dedicada a entrelazar las ciencias médicas con la narrativa, la dignidad humana y la empatía.

Nacido en Londres en 1933 y formado profesionalmente en Estados Unidos, Sacks fue un autor prolífico que utilizó la neurología para profundizar en aquello que nos vuelve humanos.

Fue hasta la publicación de su libro Despertares, en 1973, que fue reconocido tanto como un escritor excepcional como un neurólogo excepcional, pues el libro relataba su experiencia con pacientes aparentemente paralizados por la epidemia de la encephalitis lethargica de los años de 1920, y su extraordinario despertar y gradual deterioro durante un periodo de tratamiento con L-DOPA.

 

El libro fue científicamente importante, humanamente escrito, pero más importante, hermoso, capturando su relación con los pacientes que experimentaban un despertar físico y psicológico luego de estar neurológicamente atrapados por décadas.

Oliver Sacks has left the building.

Este libro fue convertido en una aclamada película protagonizada por Robin Williams y Robert DeNiro. Otro de los libros reconocidos de Sacks es El hombre que confundió a su mujer con un sombrero (enlace a libro en PDF), donde relata diversos casos de pacientes con daño neurológico: “un marinero cuya amnesia le hace creer que vive constantemente en 1945, una mujer que pierde su habilidad para saber donde están sus brazos y piernas, y un hombre con agnosia, quien a pesar de tener visión normal no puede reconocer objetos y por eso confundió a su esposa con un sombrero”.

Sacks escribió lo que él llamó “ciencia romántica”. No romántica en el sentido de amor romántico, sino en el sentido de los poetas románticos, quienes usaban la narrativa para describir las sutilezas de la naturaleza humana, con frecuencia en contraste con los valores de cuantificación y racionalismo de la Ilustración.

 

Bajo esta luz, la ciencia parecería una contradicción, pero Sacks usó la narrativa y la ciencia no como oponentes sino como socios complementarios para ilustrar formas de la naturaleza humana que muchos no podían ver: en personas con daño cerebral, en alteraciones o diferencias en la experiencia y el comportamiento, o en aparentes cambios menores en la percepción que traían implicaciones sorprendentes.

 

Oliver Sacks has left the building.

Oliver Sacks (fuente)

El sitio Brain Pickings (en inglés) recopila algunos de los escritos de Sacks, sobre gratitud, empatía, el poder la música, y la psicología de contar historias. Y sus memorias, publicadas en el libro On the move, muestran una faceta mucho más personal y vulnerable. Como cuando la madre de Sacks se enteró de su orientación sexual y lo llamó una abominación, deseando que nunca hubiera nacido.

Esta experiencia, que dejó una huella indeleble de vergüenza en la mente del joven Oliver, es doblemente desconcertante y desgarradora en el contexto de las credenciales de sus padres: ambos eran médicos prominentes, lo que ordinariamente implicaría el pensamiento crítico y libre de supersticiones que conlleva la ciencia. De hecho, su madre, una cirujana y anatomista a inicios del siglo XX, fue una pionera de las mujeres en la ciencia. Tanto que [el padre de Oliver] bromeaba refiriéndose a sí mismo como “el esposo de la eminente ginecóloga Elsie Landau”. Y aun aquí, el Dr. Sacks logra trascender la devastación personal y realizar el gran acto de indagación empática que se convirtió en el material bruto de su
trabajo…una dedicación a considerar la realidad compleja de otra mente, una mente diferente.

 

Oliver Sacks, la ciencia de ver y el arte de ser visto.

sacksonthemove

Foto de portada: Oliver Sacks en Greenwich Village, 1961 (fuente)

Oliver Sacks falleció el 30 de agosto de 2015. En su ensayo De mi propia vida se despide del mundo con esta frase:

No puedo fingir que no tengo miedo. Pero el sentimiento que predomina en mí es la gratitud. He amado y he sido amado; he recibido mucho y he dado algo a cambio; he leído, y viajado, y pensado, y escrito. He tenido relación con el mundo, la especial relación de los escritores y los lectores.

 

Y, sobre todo, he sido un ser sensible, un animal pensante en este hermoso planeta, y eso, por sí solo, ha sido un enorme privilegio y una aventura.

 

De mi propia vida

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