Causa de la violencia, causa de la creatividad: creencias sobre trastornos mentales.

Con el incremento de tiroteos masivos y otra clase de actos usualmente llamados “terroristas”, hay prisa por intentar explicarlos. Fuera del “extremismo religioso”, o a veces junto con él, los medios de comunicación y las opiniones en redes sociales apuntan a una causa inequívoca: enfermedad mental.

Los trastornos mentales son citados con frecuencia  para explicar la violencia. Menos popular es el conocimiento de que no hay evidencia científica que conecte a ambas: el estado de salud mental de una persona no tiene peso en su habilidad o deseo de cometer violencia (Fuente).

Un trastorno mental, como se define desde psicología y psiquiatría, no tiene por qué alterar el sentido de qué es correcto y qué es incorrecto en una persona. Un estudio conducido desde la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, encontró que las agresiones con armas de fuego se relacionaba a problemas de ira e impulsividad, más que a trastornos específicos. La ira y la impulsividad no son trastornos mentales por sí solos; pueden ser parte de uno pero, también, pueden no serlo. Pueden desarrollarse por otras razones, que van desde diferencias individuales hasta patrones de socialización.

Ciertamente, mientras que el estudio publicado en Behavioral Sciences mostró una relación entre violencia impulsiva y poseer un arma de fuego, el estudio no encontró superposición entre tener un trastorno mental grave (como esquizofrenia o trastorno bipolar) y ser impulsivo, propenso a la ira, y tener acceso a armas de fuego. Esto corrobora investigaciones previas que indican que la mayoría de personas que sufren trastornos mentales tienen bajas probabilidades de ser violentos (Solo alrededor del 4 por ciento de la violencia puede atribuirse a un trastorno mental grave. La violencia interpersonal usualmente es causada por otros factores, como abuso de sustancias).

 

Estudio de Harvard encuentra que problemas de ira, no trastornos mentales graves, están asociados a violencia con armas de fuego (en inglés)

Otras líneas de investigación apoyan estos hallazgos. Las personas con trastornos mentales tienen más probabilidades de sufrir estigmatización -que trae implicaciones severas en muchos ámbitos de la vida- y de ser ellas mismas quienes resulten víctimas de actos violentos:

Hoy en día, los distintos medios de comunicación ejercen una impresionante influencia sobre la visión de este colectivo. Gran parte de las noticias sobre ellos están relacionadas con la violencia o con la perpetración de algún acto violento (Shain y Phillips, 1991; Wahl, Wood y Richards, 2002). Además, la visión de la enfermedad mental grave que se da en películas de gran popularidad como La Matanza de Texas o El Caballero Oscuro, lo único que consigue es reforzar la estigmatización, la distancia social y emocional y las creencias erróneas de la población general hacia las personas con enfermedad mental.

 

Ahora bien, ¿qué hay de real en la asociación entre violencia y enfermedades mentales? Los datos muestran que no se puede generalizar la atribución de conductas violentas a este colectivo (López et al. 2008; Stuart, 2003), ya que el porcentaje de personas con enfermedad mental que comete actos delictivos de gravedad no sobrepasaría el 10% del total (López et al., 2009).

 

Por añadidura, en el caso de este colectivo, la violencia que predomina es la que ejercen sobre ellos mismos, encontrando prevalencias del 10% de suicidios llevados a cabo y entre el 20% y el 40% de lesiones e intentos de suicido sólo en personas con esquizofrenia, uno de los trastornos más estigmatizados (López et al., 2009).

 

¿Son las personas con enfermedad mental más violentas? (Los trabajos citados en este fragmento se listan al final de este artículo)

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Imagen: Psinesia, “La enfermedad mental no se ve“.

En un intento de ver “el lado amable” de los trastornos mentales, éstos también se han asociado con características positivas. Pero el resultado tampoco suele ser muy útil. Por ejemplo, erróneamente se asocia enfermedad mental, referida poéticamente como locura, con inteligencia y creatividad. Estos muchas veces crea una visión romántica e idealizada de escritores, músicos y otros artistas. Aunque sea un factor que contribuye a la creación artística, se olvida que un trastorno mental implica, en primera instancia, un grado de sufrimiento para quien lo padece.

Aun cuando [la conexión entre trastorno mental y creatividad e inteligencia] puede ser cierta para muchos, algunas veces, también debemos pensar qué tan útil es esta figura para la mayoría de quienes sufren estos trastornos.

 

La verdad es que las personas con trastornos mentales son tan diversas como la sociedad en la que viven. Es decir, hay muchas personas que sufren de trastornos serios del ánimo que no son especialmente creativos o que llegan a los límites del coeficiente intelectual [..]

 

También debemos ser particularmente cuidadosos al extrapolar una métrica relativamente estandarizada, como el coeficiente intelectual, con algo tan volubre y poco definido como “creatividad”. El coeficiente intelectual no redunda fácilmente en mejores condiciones de vida y está sujeto a diferencias culturales.

Por último, debemos recordar que todavía es difícil establecer qué es exactamente un trastorno mental. Los manuales diagnósticos, como el DSM y el CIE son una guía -no una “biblia”, como suelen presentarse- pero incluso la construcción de qué es un trastorno mental depende de muchos factores sociales. Aun más, las características presentes en un trastorno mental bien pueden ser compartidas por personas que no lo sufren (como en el ejemplo arriba, la impulsividad es un rasgo que variará en cada persona, y puede o no enmarcarse dentro de un síndrome -un trastorno-).

Actualmente, un diagnóstico de la mayoría de trastornos psiquiátricos se basa en síntomas auto-reportados […] pero cada vez se reconoce más que el mismo conjunto de síntomas puede ser causado por una miríada de mecanismos subyacentes, y cada uno de ellos requerirá un tratamiento fundamentalmente diferente.

 

Los profesionales de la salud mental no tienen herramientas realmente objetivas con las cuales diagnosticar trastornos psiquiátricos. Esto es probablemente poco sorprendente, dado el juego complejo entre entorno, sociedad y biología a la hora de provocar un trastorno mental.

 

Desconfíe de estudios que asocian trastornos mentales con creatividad o un algo coeficiente intelectual

Los trastornos mentales todavía son poco entendidos fuera de las disciplinas que los estudian. Se equiparan sin más con “locura”, y se consideran causa tanto de la violencia como del pensamiento creativo. Estos estigmas resultan poco útiles, especialmente para quienes tienen, o sospechan tener, un trastorno mental. Y aunque nos es inevitable intentar explicar eventos, en especial aquellos que implican daño social colectivo, lo recomendable es no asumir inmediatamente que hay un trastorno mental de por medio.

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