“Buen funcionamiento heterosexual”: un estudio (retractado) sobre el cambio de orientación sexual.

A finales de diciembre del año pasado, falleció el psiquiatra Robert Spitzer, a los 83 años. Spitzer se considera uno de los psiquiatras más influyentes de la historia por su aporte al desarrollo de estándares diagnósticos, registrados en el Manual Diagnóstico y Estadístico de Enfermedades Mentales (el DSM, del que hemos hablado aquí).

Y dentro del trabajo de Spitzer con estándares diagnósticos, destaca la desclasificación de la homosexualidad como enfermedad. Hasta 1973, la homosexualidad se consideraba una perturbación de la personalidad:

“Un trastorno médico debe estar asociado a angustia subjetiva, sufrimiento o discapacidad de la función social”, le dijo Spitzer al Washington Post.

 

Muere Robert Spitzer, el psiquiatra que desmintió que la homosexualidad fuera una enfermedad

Foto: Brian Chapman/Familia Spitzer.

Sin embargo, en el 2001, gran parte de estos esfuerzos pareció venirse abajo. Spitzer publicó un artículo sobre homosexualidad, por el que se retractó y disculpó públicamente en el 2012. El estudio se titulaba: “¿Pueden algunos hombres gay y lesbianas cambiar su orientación sexual? 200 participantes reportan cambio de orientación homosexual a heterosexual” (el artículo está disponible aquí). El hallazgo principal era que las personas entrevistadas reportaban que sí habían cambiado su orientación sexual tras algún tipo de terapia reparatoria. De estas “terapias” hemos hablado aquíaquí y aquí.

La credibilidad inicial del estudio provenía del hecho de que lo escribía una autoridad en la materia. Metodológicamente, tal como reconoció el propio Spitzer una década después, “el diseño del estudio volvía imposible el poder responder a la pregunta” de si la terapia reparatoria cumple su objetivo. Los sectores de la sociedad que recibían con júbilo la noticia de que la homosexualidad podía curarse defendían que no había ningún defecto metodológico relevante en esa investigación, pero eso no era cierto.

Algunos de los defectos fueron el uso del auto-reporte como único criterio de medición del cambio, y la definición de qué constituía una terapia y qué un comportamiento heterosexual. También el hecho de que la entrevista se realizara por teléfono hacía perder las claves no verbales que acompañan a respuestas verbales, y que son fundamentales en la evaluación desde la psicología. Las entrevistas, sobre todo por teléfono y por escrito, en un estudio científico, no permiten establecer causalidad. Otro defecto es que las personas entrevistadas, además de ser una muestra no representativa, habían sido pre-seleccionadas: muchos de los participantes pertenecían a ministerios religiosos, y habían sido referidos como “historias exitosas” de conversión, además de que ya habían contraído matrimonio. Eran personas que, por una u otra razón, no estaban en posición de decir que la terapia no había funcionad (además, no se consideró la bisexualidad como una razón por la que una persona se involucraría en el pasado con una pareja del mismo sexo y en el presente con una de distinto sexo).

David Herek, psicólogo dedicado al área del prejuicio sexual, señaló las fallas no sólo metodológicas sino también éticas del estudio de Spitzer. Herek reconoció, como muchos otros colegas, que Spitzer no realizó este estudio con ánimo de promover el estigma sexual. Sin embargo, resultó un esfuerzo “curiosamente insensible” al problema del prejuicio y la discriminación hacia personas homosexuales: Los activistas anti-gay promueven la terapia de conversión porque , sostuvo Herek, “una condición poco aceptada es más fácilmente estigmatizada si se observa como una elección hecha libremente”.

El libro “Sexualidad y trauma en El Salvador moderno: una autoetnografía” relata las vivencias de tres hombres gay en El Salvador. Decíamos que las entrevistas son un método poco útil para establecer causalidad científica, pero no por ello dejan de ser valiosas para profundizar en el mundo y en las experiencias de las personas.

Los intentos por cambiar la orientación sexual han sido señalados como inefectivos y anti-éticos una y otra vez desde la psicología, mientras que la aceptación de la orientación sexual se perfila como un aporte al bienestar general de la persona. A pesar de la evidencia, persiste en El Salvador la visión de “expertos” pseudo-científicos de que la homosexualidad es una enfermedad. Esta visión es parte de un pensamiento que, finalmente, justifica la discriminación, el acoso y los crímenes de odio hacia personas LGBTI, y mantiene problemáticas como la epidemia de suicidios en jóvenes LGBTI.

Robert Spitzer dejó un legado importante y útil para mejorar la vida de muchas personas, y su trabajo permitió el avance en tema de derechos humanos de la población LGBTI. Hemos destacado aquí el estudio sobre terapias reparatorias siguiendo la línea de promover el análisis de estudios científicos más allá de que los sostenga una autoridad. La psicología no es neutral y por ello, desde su lado científico, se beneficia de la crítica y la evidencia, esenciales para tomar una posición ante el prejuicio y discriminación que sufren diversos grupos sociales.

Nota: fuera de la psicología (pero un tanto relacionado), otro estudio es tristemente célebre por presentar una declaración seria que luego debió retractarse: las vacunas como causa de autismo. A pesar de ello, esta idea persiste en el presente con consecuencias graves a nivel individual y de salud pública.

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