“Belleza real”: La autopercepción de las mujeres no proviene de la autoestima.

Hace algún tiempo, circuló ampliamente el video de la campaña de Dove sobre la “belleza real”.  Junto a uno de sus videos, se explica: “la campaña consta de un experimento, en donde un entrenado ex artista forense de la policía -experto en identikits- dibuja a diferentes mujeres basándose en la propia descripción que ellas mismas realizan […] Más tarde, le piden a otra de las mujeres que participaba del experimento que realice una descripción de otra de las mujeres presentes […] para luego poder enfrentar ambos dibujos. Este experimento busca demostrar (y por las imágenes lo consigue) la diferencia entre la percepción propia y la ajena. Las mujeres son sus peores críticos de belleza”.

Hay un hecho innegable, y es que generalmente (sólo generalmente) siempre somos más críticos con nosotros mismos. Esto es algo que de hecho he comprobado cuando tomo fotos; es clásico hacer un disparo buenísimo y la persona que sale en la foto la revisa y te dice “bórrala por fa porque salgo con este defecto x“. Revisas la foto y claramente tu no ves nada.

Quienes más presentan ese comportamiento, sin duda son las minas [las mujeres], sieeeempre, de hecho, siempre, y eso no distingue clases sociales ni qué tan lindas sean. Todas, todas son sumamente críticas con cómo se perciben a sí mismas.

La baja autoestima de las mujeres

Ese es el mensaje a simple vista, y no se le puede pedir más a una compañía que vende productos de belleza y que para ello necesita tener y promover ciertos estándares (que por suerte no muchos cumplen, porque de lo contrario los productos no se venderían). A juzgar por la viralidad del anuncio, este fue un mensaje que tuvo impacto. Pero la moraleja “las mujeres tienen baja autoestima, tienen que darse cuenta de que todas son hermosas” se queda en buenas intenciones. El mundo fuera de ese anuncio no funciona así:

En el mundillo que Dove creó para esta campaña, todas las mujeres nos sentimos mal por cómo nos vemos. Somos así de locas. Nos centramos obsesivamente en el lunar en nuestra mejilla e ignoramos nuestros ojos deslumbrantes y pómulos elevados. Nos vemos en el espejo y lo vemos todo mal. Y si tan sólo se nos pudiera mostrar la verdad, la realidad, podemos continuar con nuestras vidas. 

Es cierto, muchas (¡aunque definitivamente no todas!) nos obsesionamos por pequeños detalles o quizá nos sentimos desproporcionadamente frustradas con aspectos de nuestra apariencia que otras personas apenas notan (si es que lo hacen). Es cierto que esto nos distrae y obstruye nuestra habilidad de vernos a nosotras mismas por como nos vemos para otros. Es cierto que esto interfiere con nuestras vidas. Pero no lo hacemos sin razón alguna. No hacemos esto porque así son las mujeres. Lo hacemos porque hemos aprendido que hacer esto es parte de ser mujer. Hemos aprendido que la belleza es realmente relevante, y es además estricta y específica, y no puede residir en una cara con un lunar prominente, así que agonizamos por el lunar.

Y Dove implícitamente está de acuerdo con nosotras. El lunar sería un problema si fuera más grande y oscuro. ¡Ahí está, volviendo feo el retrato de la izquierda! Pero por suerte sólo es más grande y oscuro en nuestras mentes, y lo que otra gente perciba no tiene mucho que ver con un lunar y por tanto, somos más lindas de lo que pensamos que éramos.

Y esto es lo que pasa con la belleza en el mundo real que Dove aparenta olvidar: no se supone que creamos que somos hermosas. Eso sería extraño y arrogante. Sería malo y presuntuoso. La gente está encantada cuando preciosas actrices de cine nos aseguran que, en realidad, ¡ellas también se sienten feas y raras también! Ellas también odian ese lunar en su cara. También piensan que sus senos tienen una forma extraña. La gente no está encantada cuando una actriz tiene una buena opinión de sí misma, cuando le gusta su propia apariencia, y ciertamente la gente no se impresiona cuando una mujer de pinta regular tiene la desfachatez de pensar lo mismo de su apariencia ordinaria. 

El problema con la campaña de Dove sobre la belleza

Mencionábamos en la entrada anterior que, de hecho, tendemos a considerarnos por encima del promedio en algunas características que poseemos. Parece que esto se contrapone en algunas personas a la tendencia a una dura y excesiva autocrítica en el ámbito del cuerpo. Por el lado positivo, el anuncio fue viral porque llamaba la atención sobre esta autocrítica y sugería a las mujeres ser más benevolentes con ellas mismas (sería interesante saber si algún hombre también tomó esta sugerencia personalmente, y no sólo se quedó con el mensaje de que las mujeres aquí y las mujeres allá).

Pero decíamos antes: estándares. Hay características corporales que son socialmente más valoradas que otras, y de ser valoradas pasan a ser exigidas y naturalizadas. Piense en cómo usted y cómo otras personas verían a una mujer que llega a una entrevista de trabajo con la cara limpia, sin maquillaje. La “belleza” autopercibida, antes de ser cuestión de autoestima, de una variable interna que sale de la nada en el individuo, es una cuestión de comparación. Una característica física tiene un valor ideal; el resto de los valores que puede tomar esa característica (más grande, más oscuro, menos sonriente, etc.) serán comparados con el ideal y valorados en consecuencia. Agréguese que no es bien visto celebrar cómo se es físicamente; eso es arrogancia, si el físico se considera agradable a la vista, o autoengaño, si no lo es.

Veamos a los rasgos que los editores decidieron incluir. Cuando las participantes se describían a sí mismas, algunas de las cosas que decían se implicaban como negativas: gorda, cara redonda, más gorda, 40, comenzando a tener arrugas en los ojos, lunares, cicatrices…Mientras que los rasgos que se consideraban positivos eran: rostro delgado, barbilla delgada, ojos bonitos que se alumbraban cuando hablaba y eran muy expresivos (mi favorito),  nariz corta y linda, su cara era bastante delgada (esto se dijo dos veces), lindos ojos azules.

Así que…no sé si alguien más lleva la cuenta, pero esto parece estar reforzando nuestra muy estrecha percepción cultural de “belleza”: joven, de piel clara, delgada. No hay una diversidad real que se celebre según raza, edad o forma del cuerpo. Usted es hermosa…si es delgada, no tiene arrugas o cicatrices visibles, y tiene ojos azules. Si usted está gorda o vieja…pues, ¿tal vez otras personas no piensan que usted se ve tan gorda y vieja como usted misma se cree? ¿Bien? Oh, y por cierto, hay mujeres que se ven como los retratos de la izquierda. ¿Qué están diciendo sobre ellas exactamente? 

Por qué el video “bocetos de belleza real” de Dove me incomoda…y me enoja un poco.

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Lectura recomendada: La ciencia de la belleza [en inglés]:

La apariencia es la parte más pública de nuestro yo. Es nuestro sacramento, el yo visible que el mundo asume que es un espejo del yo invisible, interno. Esta suposición puede no ser justa, y no la mejor forma de que los mundos morales se conduzcan. Pero eso no lo vuelve menos cierto. La belleza tiene consecuencias que no podemos borrar con la negación. La belleza continuará operando, fuera de jurisdicción en el mundo sin leyes de la atracción humana. Los académicos pueden prohibir su mención en los discursos inteligentes y los snobs pueden considerar que le belleza es trivial y superflua, pero en el mundo real, el mito de la belleza rápidamente choca con la realidad.

Nancy Etcoff, autora de “Survival of the prettiest. The science of beauty”.

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