Azul y rosado: marketing de género.

En otro momento vimos que los tacones y el color rosado, actualmente asociado a la feminidad, en el pasado se asociaba, de hecho, con masculinidad. El género es una construcción social que cambia con el tiempo, como lo evidencia este anuncio de hace algunas décadas sobre un zapato en extremo “mascullino” y “viril”:

El marketing de género tiende a la comercialización de dos versiones de un mismo producto, exclusiva y específicamente para hombres y para mujeres. Esto es especialmente notable en los juguetes. Se hace la distinción “para niños” y “para niñas”, en función de expectativas y “esencias” asignadas de cada grupo: que tienda a la acción o a cuidar a los demás…sin que exista una justificación biológica para esta separación:

Cómo saber si un juguete es para niños o niñas: una gúa. ¿El juguete se opera con sus genitales? (1) Sí -> Este juguete no es para niños ni para niñas. (2) No -> Es para niños y para niñas. Fuente.

En la adultez también estamos expuestos a esta división, con productos que pueden ser utilizados por cualquier persona pero que terminan siendo “exclusivos”: pasta de dientes para hombres, lapiceros para mujeres. Y los estereotipos que se refuerzan por medio de la publicidad tienen consecuencias problemáticas. Desde la niñez, algunas características y habilidades se presuponen más deseables que otras, según se sea niño o niña. En la adultez, los estereotipos dificultan las relaciones interpersonales funcionales (por ejemplo, al creer que las mujeres tienen baja autoestima y son manipuladoras pero por la menstruación se les perdona, o que los hombres son incapaces de cuidar de otros).

Via Consume hasta morir, compartimos el video “Gendered marketing” (con subtítulos en español), que recuerda la importancia de mantener una visión crítica ante los contenidos que la publicidad presenta:

 

 

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