[caption id="" align="aligncenter" width="420"] Manifestación de simpatizantes de Arena, pidiendo la anulación de las elecciones. (Fuente ¿?).[/caption]
No se puede acatar la ley solo cuando favorece y desconocerla cuando no...Al cuestionar la transparencia del proceso electoral, la dirigencia está negando la labor de su propia militancia, irrespetando la voluntad popular y poniéndose al margen de la institucionalidad del país.

Ante los acontecimientos suscitados luego de la elección del 9 de marzo.

Ha sido cuando menos interesante ver a personas ideología de derecha "salir a la calle" (con todo y sus guardaespaldas y empleadas domésticas), cuando tradicionalmente se han quedado en casa; en el país, esta ideología, en su estado puro y duro, conoce la represión porque la ha ejercido, no porque la ha sufrido. La declaración de guerra porque la ley no favorece, y ese colocarse por encima de la ley, es más de lo mismo: intentos por imponerse. Es, además, un recordatorio de lo poco que se ha avanzado en el imaginario sociopolítico desde que finalizó la guerra civil hace más de dos décadas. En otra ocasión hablábamos de las condiciones necesarias pero inexistentes para finalizar el conflicto sociopolítico en El Salvador:
Se ha estudiado las variables psicológicas involucradas en el perdón entre grupos en conflicto, por ejemplo, en el contexto post-dictadura de Pinochet y en la lucha entre protestantes y católicos en el norte de Irlanda (On Positive Psychological Outcomes: What Helps Groups With a History of Conflict to Forgive and Reconcile With Each Other?). A partir de esto, las condiciones para perdonar -a nivel grupal y político- al contrincante son que la identidad intragrupal, el “nosotros”, no sea tan fuerte y exista, en cambio, una identidad intergrupal común, como aceptar que tanto una persona de derecha y como de izquierda son salvadoreñas. También debe existir empatía por el sufrimiento del otro grupo y confianza en él. Un último elemento, muy importante, en la construcción del perdón es el trascender la llamada victimización competitiva, esto es, el esfuerzo de cada grupo de reclamar que ha sufrido más que el grupo contrincante.
En El Salvador no hay un "nosotros" unificado; la rivalidad política de los partidos creados durante la guerra persiste y permea a la sociedad civil. Mucho menos existe empatía y confianza en el otro bando, y la victimización competitiva alcanzó niveles alarmantes en esta semana, con el partido de derecha intentando autocumplir su profecía de que El Salvador "sería otra Venezuela".
Los partidos solo pueden resolver las crisis por la vía institucional; es decir, legal. Cualquier otra aspiración no solo es ilegítima, ilegal e improcedente; es contraria a los intereses de una nación que requiere en estos momentos de la madurez de sus liderazgos.

La única salida debe ser la legal.

Orientaciones a la violencia y la prepotencia no son exclusivas de la derecha, y por descontado ambos partidos (y el resto de partidos, que va y viene) han demostrado serias falencias a la hora de legislar y gobernar. Ciertamente, sus liderazgos deben modificarse radicalmente; esta crisis es una buena oportunidad para ello. Y si los pueblos tienen los gobiernos que se merecen, la sociedad salvadoreña tiene mucho trabajo por hacer.

Autoritarismo y llamados a la guerra tras elecciones presidenciales.

El Salvador prácticamente vive en permanente campaña electoral, y el bombardeo mediático al respecto se agudiza, por supuesto, mientras más cerca están las elecciones  (sean presidenciales o legislativas/municipales). Y el pasado domingo 9 de marzo, tras una campaña sin propuestas y agobiante para el grueso de la población, se realizó la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. “Los dos partidos en contienda son la extrema izquierda, el FMLN, y la extrema derecha, Arena; dos organizaciones que nacieron durante la guerra y para la guerra“. Debió pasar una semana para declarar a Salvador Sánchez Cerén, del FMLN, como presidente electo:

Dejamos el análisis del proceso electoral en general a partes más pertinentes. Lo que destacamos acá son las declaraciones del partido de derecha ante los resultados. Como alcalde, el candidato presidencial Norman Quijano desplegó la fuerza y violencia en los desalojos de la capital, y fue en buena medida aplaudido por ello. Al conocerse los resultados de las votaciones la seman anterior, Quijano amenazó con generar inestabilidad y montar un gobierno paralelo de no ser declarado ganador. Por otro lado, Ernesto Muyshondt, Vice-presidente de ideología de Arena, sostuvo que La Fuerza Armada tiene que hacer valer los verdaderos resultados. La ideología de guerra persiste.

Que el candidato Quijano haya sugerido y, en cierto modo, invocado una especie de presión de la Fuerza Armada para solucionar su conflicto electoral es un error garrafal….En un político, y en El Salvador en particular, referirse a la Fuerza Armada de cualquier manera que suene a salida de la Constitución es una irresponsabilidad grave. Hacerlo muestra poca capacidad para asumir la presidencia de la república. Presentar disculpas a la ciudadanía es la única manera de corregir el desafuero. Pero pedir disculpas no entra dentro de la tradición autoritaria de nuestros partidos. Tradición que la ciudadanía debe contribuir a que se rompa en beneficio del país y de su decencia democrática.

Sensatez

Ha habido cambios de versiones del partido de derecha sobre el fraude electoral

Con su denuncia de este miércoles, Arena contradice a la primera versión del posible fraude que plantearon sus dirigentes la noche del domingo. Se contradice también con lo denunciado un día después, el lunes 10, y con lo denunciado el martes 11. A la fecha el partido tiene cuatro versiones sobre un solo supuesto fraude, y para ninguna de las versiones ha ofrecido pruebas contundentes.

…pero las exigencias del conteo voto por voto tampoco son algo nuevo, como se muestra en este video de la década de 1980, con Adolfo Rey Prendes, fundador del Partido Demócrata Cristiano, y Roberto D’abuisson, fundador de Arena (y de los escuadrones de la muerte):

 

Manifestación de simpatizantes de Arena, pidiendo la anulación de las elecciones. (Fuente ¿?).

No se puede acatar la ley solo cuando favorece y desconocerla cuando no…Al cuestionar la transparencia del proceso electoral, la dirigencia está negando la labor de su propia militancia, irrespetando la voluntad popular y poniéndose al margen de la institucionalidad del país.

Ante los acontecimientos suscitados luego de la elección del 9 de marzo.

Ha sido cuando menos interesante ver a personas ideología de derecha “salir a la calle” (con todo y sus guardaespaldas y empleadas domésticas), cuando tradicionalmente se han quedado en casa; en el país, esta ideología, en su estado puro y duro, conoce la represión porque la ha ejercido, no porque la ha sufrido. La declaración de guerra porque la ley no favorece, y ese colocarse por encima de la ley, es más de lo mismo: intentos por imponerse. Es, además, un recordatorio de lo poco que se ha avanzado en el imaginario sociopolítico desde que finalizó la guerra civil hace más de dos décadas. En otra ocasión hablábamos de las condiciones necesarias pero inexistentes para finalizar el conflicto sociopolítico en El Salvador:

Se ha estudiado las variables psicológicas involucradas en el perdón entre grupos en conflicto, por ejemplo, en el contexto post-dictadura de Pinochet y en la lucha entre protestantes y católicos en el norte de Irlanda (On Positive Psychological Outcomes: What Helps Groups With a History of Conflict to Forgive and Reconcile With Each Other?). A partir de esto, las condiciones para perdonar -a nivel grupal y político- al contrincante son que la identidad intragrupal, el “nosotros”, no sea tan fuerte y exista, en cambio, una identidad intergrupal común, como aceptar que tanto una persona de derecha y como de izquierda son salvadoreñas. También debe existir empatía por el sufrimiento del otro grupo y confianza en él. Un último elemento, muy importante, en la construcción del perdón es el trascender la llamada victimización competitiva, esto es, el esfuerzo de cada grupo de reclamar que ha sufrido más que el grupo contrincante.

En El Salvador no hay un “nosotros” unificado; la rivalidad política de los partidos creados durante la guerra persiste y permea a la sociedad civil. Mucho menos existe empatía y confianza en el otro bando, y la victimización competitiva alcanzó niveles alarmantes en esta semana, con el partido de derecha intentando autocumplir su profecía de que El Salvador “sería otra Venezuela”.

Los partidos solo pueden resolver las crisis por la vía institucional; es decir, legal. Cualquier otra aspiración no solo es ilegítima, ilegal e improcedente; es contraria a los intereses de una nación que requiere en estos momentos de la madurez de sus liderazgos.

La única salida debe ser la legal.

Orientaciones a la violencia y la prepotencia no son exclusivas de la derecha, y por descontado ambos partidos (y el resto de partidos, que va y viene) han demostrado serias falencias a la hora de legislar y gobernar. Ciertamente, sus liderazgos deben modificarse radicalmente; esta crisis es una buena oportunidad para ello. Y si los pueblos tienen los gobiernos que se merecen, la sociedad salvadoreña tiene mucho trabajo por hacer.

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