Arquitectura de la inseguridad: comunidades cerradas.

La violencia que históricamente ha sufrido el país se refleja, entre muchas otras cosas, en lo que se ha llamado “arquitectura de la inseguridad”. Casas particulares, negocios, edificios, casi cualquier construcción está resguardada por rejas, portones, cámaras de video, alambres razor y cercas eléctricas, alarmas y agentes de seguridad privada.

Twin Lakes, donde [Trayvon] Martin murió, es el tipo de lugar donde la gente decide vivir cuando quiere estar segura, del crimen, de intrusos, de incertidumbre económica. Por supuesto, no siempre funciona así. Al promover la sospecha y las divisiones sociales, se argumenta, las comunidades cerradas pueden paradójicamente comprometer la seguridad más que incrementarla. Y dado que aislan a los residentes de la comunidad más amplia, escribe Edward Blakely, autor de Fortress America, pueden “reducir la noción de involucramiento cívico y permitir a sus residentes retirarse de la responsabilidad cívica”.

¿Las comunidades cerradas amenazan a la sociedad?

Cerrar calles y colonias ha sido la respuesta lógica y comprensible ante los altos niveles delincuenciales. Hay diferentes tipos de comunidades cerradas, en todos los estratos socioeconómicos; todas buscan seguridad y privacidad, algunas son además indicadores de prestigio y exclusividad. Algunas comunidades son más embellecidas que otras, con zonas verdes, parques, clubes sociales, etc.; algunas están más alejadas del núcleo urbano que otras. Pero estas comunidades, tal y como expone el artículo recién mencionado, no son la panacea, y lo sabemos por experiencia: los robos y otros crímenes también ocurren dentro de estos portones, incluso a pesar de la vigilancia de 24 horas (o en ciertos casos, gracias a la vigilancia de 24 horas).

Las comunidades cerradas revuelven un ciclo vicioso al atraer residentes con mentalidad similar que buscan refugio de intrusos, y cuya reclusión física empeora el pensamiento grupal paranoico frente a intrusos. 

La mentalidad de la comunidad cerrada

El centro de la ciudad está abierto para todos los que quieran conocerlo. Pero sólo con reservación. Allá usted si va por su cuenta.

El reporte de las Naciones Unidas – Hábitat llama la atención sobre el impacto de cerrar barrios y residencias con portones:

Los impactos significativos se ven en la fragmentación espacial y social de las ciudades, llevando a la disminución del uso y disponibilidad del espacio público, y el aumento en la polarización socioeconómica. Cerrar las comunidades tiene un impacto contraintuitivo, incrementando el crimen y el miedo al crimen, mientras las clases medias dejan las calles públicas a los pobres y vulnerables, a niños y familias de las calle, y a los delincuentes que los acechan. Estos resultados también tienden a ampliar las brechas entre clases en tanto que los ciudadanos con más recursos viven en enclaves urbanos relativamente homogéneos protegidos por seguridad privada,  y tienen menos necesidad y oportunidad de interactuar con sus pares más pobres.

Esta tendencia a escapar de las zonas urbanas más populosas y aislarse en colonias cerradas (de preferencia en las afueras de la ciudad) está lejos de cambiar. Siguen considerándose -con cierta razón- núcleos de seguridad y, acaso, de prestigio. 

[…] Dicho sin correcciones políticas, fue cuando un buen puñado de ricos sintió la guerra en la puerta de sus casas que se vio más la necesidad de calmar el conflicto.

Más de dos décadas después, El Salvador sufre su propio conflicto socio-delincuencial, el que genera el fenómeno de las maras, a las que se les atribuyen la inmensa mayoría de los 14 asesinatos que, hasta hace unos pocos meses, ocurrían cada día en el país. El grueso de esos muertos los ponían los de siempre, los de abajo, los sinvoz.

[Graffitti de la Mara Salvatrucha] Apareció hace pocos días en el redondel República Dominicana, sobre la calle El Mirador de la parte alta de la colonia Escalón, en las faldas del volcán de San Salvador, a escasos metros de algunos de los bloques de apartamentos más caros de este país. 

La Mara Salvatrucha (MS-13) ya está en la puerta de sus casas…

Quizá –solo quizá– no falte tanto para que comience a democratizarse la violencia… 

Maras en la Escalón

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