Anorexia nerviosa: I. Definición y prevalencia.

En el país se le da muy poca atención a la salud mental y, por añadidura, se conoce muy poco acerca de la naturaleza de las problemáticas en este ámbito: los factores de riesgo, el desarrollo de la enfermedad, el tratamiento y -sobre todo- la prevención.

La anorexia nerviosa es una de esta problemáticas. Muchas son las preconcepciones que hay sobre este trastorno, la más sobresaliente es que “lo hacen por vanidad”; aún cuando el elemento de la imagen corporal está presente fuertemente, el problema -como todo problema de salud mental- es mucho más complejo.

Con ésta inicia una serie de entradas acerca de la anorexia nerviosa, con el objetivo de hacer visible esta problemática, a la vez que se propicia un entendimiento completo de las dinámicas individuales y sociales que entran en juego en su desarrollo. Al final de esta serie, aparecerán las obras citadas.

1.1 Introducción a la anorexia nerviosa

Definición de Anorexia Nerviosa

Un trastorno alimenticio es una enfermedad causada por la ansiedad y preocupación excesiva por el peso corporal y el aspecto físico, en que la alimentación se vuelve el eje en torno al cual gira la vida de la persona. Hay diversos trastornos de este tipo, pero todos afectan sobre todo a las mujeres, quienes experimentan insatisfacción con el cuerpo, estados afectivos negativos, deseo de adelgazar, deterioro de la percepción de la imagen (Riobó, 2001), y sobre todo, tienen baja autoestima (Something Fishy, s/f-a).

Siendo la condición psiquiátrica con mayores índices de mortalidad, y la tercera enfermedad crónica más común en adolescentes (Riobó, 2001), es uno de los tipos más sorprendentes de la medicina psicosomática, pues es un desorden funcional que abarca el plano físico y el psíquico (Porot, 1961). Pero es siempre, en esencia, una expresión de graves conflictos psicológicos.

La Organización Mundial de la Salud (1997, p. 197) define la anorexia nerviosa como “un trastorno caracterizado por la presencia de una pérdida deliberada de peso, inducida o mantenida por el mismo enfermo”. Otros autores (Bay y Herscovici, 1993; Coon, 1998) hacen una descripción más específica, agregando que hay una delgadez extrema, provocada por una devastadora pérdida de peso a través de la restricción alimentaria hasta alcanzar la inanición, el uso de laxantes y diuréticos, la provocación de vómitos y/o el exceso de ejercicio físico. Este trastorno alimenticio trae consigo la dismorfia o visión distorsionada de la imagen corporal. Afecta, por lo general, al sexo femenino, sobre todo a adolescentes y prepúberes; en ellas, se pueden encontrar limitaciones en el desarrollo corporal y falta de menstruación o amenorrea. Si bien este trastorno se encuentra también en el sexo masculino, la proporción es mucho menor. En esta investigación, se referirá a las personas con anorexia nerviosa como “la” paciente con anorexia, para efectos de contextualización de la enfermedad.

El rasgo principal de la anorexia nerviosa es la preocupación obsesiva por bajar de peso. La anoréxica no sólo se preocupa por el peso, sino también se enorgullece por la habilidad de controlar su necesidad de comer. No considera importantes la pérdida de peso, la interrupción de la menstruación ni otros síntomas, y se muestran a la defensiva acerca del tema (Sarason y Sarason, 1996).

Anorexia significa “pérdida del apetito”, pero el término es equívoco, porque esto raramente ocurre en el trastorno (Asociación Americana de Psiquiatría, 1995)[1];en realidad, las anoréxicas sienten hambre. El rechazo a la comida, a diferencia de los trastornos depresivos, es consciente y deliberado; experimentan sensaciones fisiológicas y cognoscitivas de hambre, junto con una paradójica preocupación por la comida: son propensas a hablar de recetas y de cocinar comidas para su familia y amigos, pero no consumen lo que preparan. Consumen alimentos casi exclusivamente cuando están solas, y si comen con otras personas, pasan cortando los alimentos y moviéndolos por todo el plato.

Las comidas pierden todo propósito nutritivo para ellas, llegando a poner en peligro los requerimientos vitales. En los espejos aparece una imagen distorsionada de la propia figura y se persigue un peso mínimo, una talla mínima a toda costa. Pero el apetito no es tan fácil de ignorar, y algunas anoréxicas pueden entrar en un ciclo de atracones y purgaciones, que desquicia aún más su salud física y mental.

Las causas fundamentales de la anorexia nerviosa siguen sin conocerse, no hay una teoría etiológica o de la patogénesis de la anorexia nerviosa que haya logrado una aceptación generalizada; se han trabajado desde teorías sobre disfunción hipotalámica hasta la vulnerabilidad genética, pero actualmente hay consenso en la comunidad científica de que existe una serie de factores socioculturales y biológicos que interactúan entre sí; también participan mecanismos psicológicos menos específicos, dinámicas familiares y vulnerabilidad de la personalidad (Bay y Herscovici, 1993; Lock, Grange, Agras y Dare, 2001). El trastorno se acompaña de desnutrición de intensidad variable, trayendo como consecuencias alteraciones endocrinas y metabólicas, y otros trastornos funcionales. Hay dudas sobre si el trastorno endocrino se debe sólo a la desnutrición y al efecto del comportamiento que la ha provocado (restricciones en la dieta, ejercicio físico excesivo, provocación de vómitos y uso de laxantes, que traen desequilibrios electrolíticos), o si intervienen otros factores hasta hoy desconocidos (OMS, 1992).

Según el sitio web dedicado a desordenes alimenticios Something Fishy (s/f-a), es común encontrar en las víctimas de desórdenes alimenticios, otros desórdenes de tipo psicológico. En ocasiones, el mismo desorden alimenticio es un síntoma secundario de un trastorno psicológico, como ocurre en la personalidad múltiple, o puede ser al contrario: el desorden alimenticio lleva a una depresión, por ejemplo. Muchas personas sufren de los desórdenes simultáneamente, aún cuando los síntomas de uno u otro no se puedan percibir fácilmente. Este sitio web lista los trastornos más comunes que se relacionan a la anorexia nerviosa: depresión, trastorno obsesivo-compulsivo, trastorno bipolar, trastorno de personalidad limítrofe, trastorno de estrés post-traumático, trastorno disociativo y violencia auto-inflingida. Es importante para la recuperación y el tratamiento en general que todos estos puntos sean cubiertos, diagnosticados y tratados. Pero aún con el énfasis en las causas psicológicas subyacentes, la anorexia persiste como una enfermedad resistente a tratamiento exitoso a largo plazo (Wilson, Heffernan y Black, 1996).

La anorexia se asocia a la bulimia, otro trastorno alimenticio. La bulimia es causada por la preocupación excesiva acerca del peso corporal y el aspecto físico. Hay episodios de ingesta excesiva, seguida de vómitos, uso de laxantes, dietas estrictas y ejercicio excesivo. Tanto las pacientes anoréxicas como las bulímicas tienen una importante preocupación por su peso y su figura, lo que les lleva a restringir de forma excesiva la alimentación. El comportamiento bulímico se observa en pacientes con anorexia, pero la bulimia por sí misma no produce pérdidas importantes de peso, aunque, debido a los vómitos constantes, puede provocar problemas gastrointestinales e hipopotasemias (concentraciones bajas de potasio en la sangre) (Planeta Alternativo, 2005).

Los trastornos alimenticios en general, y la anorexia nerviosa en particular, se están volviendo un auténtico “boom”, pero hay que tener en cuenta que, por la misma determinación multicausal, nunca hay dos casos idénticos (Toro y Vilardell, 1989).

1.2 Prevalencia de la anorexia según sexo y edad
En su descripción clínica, Porot señala que las pacientes se encontraban en la pubertad, entre los 15 y 20 años. Datos recientes (Planeta Alternativo, 2005) mantienen este promedio, siendo la media específica los 17 años (Hsu, 1990, en Lock et al, 2001; APA, 1995), aunque la enfermedad es recurrente también en prepúberes. Personas en sus 20s y 30s pueden sufrirla también, pero ya es extraño encontrarla en personas mayores de 40 años. En relación con la anorexia nerviosa, los estudios epidemiológicos realizados señalan que el trastorno se da en aproximadamente el 1% de las chicas entre 14 y 17 años. Se ha confirmado de modo rotundo que la anorexia no se vincula directamente al sexo biológico, si bien hay una evidente inclinación de la epidemiología hacia el sexo femenino: entre el 90% y 95% de casos se da en mujeres (Toro y Vilardell, 1989; Yepes, 1990; Baron, 1999); otros datos (Riobó, 2001) sostienen que hay un caso de anorexia en varones por cada ocho de mujeres. Burns y Crisp (1985, en Bay y Herscovici, 1993) estudiaron a 27 varones anoréxicos, y concluyeron que era probable que los conflictos relativos a la anorexia tuvieran más que ver con las crisis de desarrollo comunes a los adolescentes, y por tanto, no giraban en torno a los temas de la sexualidad femenina. En general, no hay nada que indique que se pueda hablar de anorexia femenina y anorexia masculina, porque ambos sexos sufren los mismos factores subyacentes a este trastorno (Toro y Vilardell, 1989).

Para los hombres, debido al concepto erróneo de que no pueden sufrir trastornos alimenticios, la vergüenza a la que se enfrentan es mucho peor. Es más común que hombres homosexuales sufran de anorexia o bulimia, pero aún muchos heterosexuales la sufren. Los sentimientos de vergüenza, en ambos, provienen de la creencia de estar sufriendo un problema “femenino”, y en los heterosexuales, que la gente puede pensar que él es gay. El secreto se mantiene ante la falta de grupos de terapia y centros de tratamiento que ofrezca grupos diseñados especialmente para hombres: pueden sentirse solos al estar en un grupo de mujeres, ser parte de un programa diseñado para mujeres, y aún ante el miedo de que una instancia de tratamiento lo rechace debido a su sexo (Something Fishy, s/f-c). Se espera que en los años próximos aumenten los casos de anorexia masculina, por la creciente importancia que se le da aspecto físico (Riobó, 2001). La nutricionista Rullina Acra-Cabral, miembro de The Renfrew Center de Estados Unidos, institución de experiencia en el abordaje tratamientos de trastornos alimenticios, advierte que, en los últimos años, ha aumentado el número en personas de mayor edad, en ambos sexos, que padecen esta enfermedad (Mejía León, 2003).


[1] La anorexia en sí puede ocurrir en otros trastornos mentales. Como trastorno alimenticio, diferenciado de otras condiciones relativas al apetito, el nombre correcto es “anorexia nerviosa”. En este trabajo, se utilizarán los términos “anorexia” y “anorexia nerviosa” como sinónimos.