Algunos mitos sobre los trastornos mentales

Muchas personas no reconocen la gravedad de los malestares psicológicos, en otras personas y en ellas mismas, a causa de ciertos mitos. Sobre este tema, hacemos eco de un texto de la escritora salvadoreña Jacinta Escudos (escrito en el contexto de la impunidad y crisis crónica de la Policía Nacional Civil de El Salvador, que salió a la luz a inicios de este año):

[…] las enfermedades mentales siempre han sido vistas como algo vergonzoso. No hablamos de la depresión, de la ansiedad, de la bipolaridad, de la esquizofrenia, de la neurosis y de otros desórdenes mentales porque nadie quiere ser tachado de “loco”.

 

La moda actual del positivismo new age insiste en hacernos creer que todo es un asunto de actitud y subestimamos los desórdenes mentales profundos como algo serio que merece atención profesional. Se piensa que la depresión o un ataque de pánico se solucionan con un par de palmaditas en la espalda y con frases de cajón: “Hay que pensar en positivo, debemos ser fuertes ante los embates de la vida, el tiempo todo lo cura, todo pasa, no pensés en eso, dejá de llorar, hacé algo útil para distraerte”. Peor aún, quien sufre de algún trastorno mental termina siendo señalado muchas veces como el causante de su propio mal, pese a que existen estudios científicos que demuestran que la genética juega un rol indiscutible en su condición.

 

Otro de los grandes prejuicios que existen en torno a estos males es que “son enfermedades burguesas”. Los pobres no tienen tiempo para deprimirse porque tienen que buscar la sobrevivencia a toda costa y “no tienen tiempo” para llorar o ponerse tristes. El limitado acceso a profesionales e instituciones de salud mental de calidad en el país viene a sumarse al problema. Sólo el que tiene recursos económicos abundantes y garantizados puede darse el lujo de un tratamiento psicológico o psiquiátrico constante.

 

Por nuestra salud mental

Para agregar al texto citado: el pensamiento positivo no garantiza una solución (ejemplos aquí, aquí y aquí); y creer que los trastornos psicológicos son de “burgueses” se acerca a negar que una situación de pobreza no trae un impacto psicológico en quienes la experimentan. Por supuesto que sí.

Otra de las creencias erróneas sobre los trastornos mentales es que son relativamente fáciles de diagnosticar, pues basta revisar una lista de síntomas y asegurarse de que están presentes (para contrarrestar estos diagnósticos especulativos, está la regla Goldwater). Ciertamente existen manuales de clasificación de trastornos mentales, como el CIE-10 y el DSM, que no pueden ni deben utilizarse sin experticia de por medio. Sin embargo, conceptualizar y tratar un trastorno mental es una historia mucho más compleja:

Aunque categorías distintas permiten a profesionales clínicos diagnosticar y tratar cada trastorno, estas categorías también limitan cómo pensamos sobre el funcionamiento individual y los resultados que se obtienen [en cada caso particular]. Más bien, los trastornos mentales surgen de un juego complejo entre factores genéticos, individuales y socioculturales, y comprender causas requiere un abordaje cauteloso e individualizado.

 

Reporte señala las complejidades de diagnosticar trastornos mentales
(Traducción nuestra)

Una última consideración en esta entrada es que no todo acto de violencia puede explicarse por la presencia de un trastorno mental en quien comete el hecho. Esta idea es uno de los grandes mitos de la psicología popular. Aun más, en una sociedad como la salvadoreña, actuar con violencia muchas veces es la norma y hasta lo esperado (y en muchos casos, la actuación en cuestión ni siquiera se cataloga como violenta).

En entradas anteriores hemos delineado qué significa vivir en una sociedad inhóspita y cómo surgen “brujas y demonios” cuando no se atiende la salud mental de la población. Estas y otras investigaciones reafirman la compleja interacción entre condiciones individuales y socioculturales que influyen en la salud mental de una persona. Un abordaje individual desde la psicología no lo resolverá todo, pero es un buen comienzo cuestionar los mitos sobre trastornos mentales que hemos mencionado aquí.