Alfabetización económica, consumo y endeudamiento.

Hemos hablado antes de que la psicología no es sólo el área clínica, y que no sólo se ocupa de la salud mental. El mejor ejemplo es Daniel Kahneman, psicólogo ganador del Premio Nobel de Economía en el 2007, por su trabajo referido a la toma de decisiones y formas de pensar bajo incertidumbre. Lo mencionábamos en esta entrada sobre la felicidad y el consumo, donde citamos su frase de cómo es una Economía sin Psicología y una Psicología sin Economía. Parte del trabajo de Kahneman se comenta brevemente en este post sobre su obra “Pensar rápido, pensar despacio” (el cerebro intuitivo y el riguroso) y otro sobre la llamada heurística del experto.

Estas formas de pensar se observan cuando nos relacionamos en nuestro mundo social y en sus dos pilares esenciales, el orden político y el económico. Y así, la psicología económica se ha dedicado, entre otras cosas, a estudiar los niveles evolutivos del pensamiento que nos permiten construir conceptos económicos cada vez más complejos[1].

A pesar de que todas las personas manejamos lo básico de estos conceptos, “lo básico” muchas veces se queda corto a la hora de responder a exigencias del entorno. Esto resulta problemático, pues las concepciones económicas van de la mano con la concepción de un ciudadano capaz de intervenir activamente en los procesos económicos[1]. El manejo inadecuado del dinero y el desconocimiento de cómo funciona el sistema financiero  puede traer serias consecuencias, manteniendo a una persona en aprietos inclusive por años. Y mucho peor[5]:

[…] los hallazgos empíricos sobre el desarrollo de competencias económicas básicas en poblaciones de diversos contextos en nuestros países latinoamericanos… han constatado la existencia de serias dificultades que presentan niños, adolescentes y adultos, tanto para comprender la economía cotidiana como para desenvolverse de modo eficiente en ella, lo que impacta de modo más severo a los sectores más vulnerables y pobres de las sociedades, aumentando de manera dramática el riesgo de exclusión […].

Los mismos estudios indican que factores como la escolarización, la ciudad de residencia, el género, el nivel socioeconómico y las experiencias de transmisión intergeneracional en la familia, inciden de modo significativo en la manera que niños, adolescentes y adultos comprenden los fenómenos económicos.

En casa, si los adultos obvian el tema frente a los niños, éstos aprenderán dependiendo de lo que vean o, más grandes, de la información que encuentren por su cuenta si les interesa. Ni el aumento en la edad ni la educación formal por sí sola garantizan un buen manejo de conceptos económicos. Un estudio realizado con universitarios colombianos[1] encontró que:

Un porcentaje bajo [de estudiantes] mostraba estar al nivel [de pensamiento] esperado para su edad, y también se observaba diferencias entre los tipos de carreras, siendo las que recibían menor instrucción económica (en este caso, medicina y psicología) las que se encontraban en mayor porcentaje en niveles inferiores.

[…] introducir los temas económicos puede ayudar a los jóvenes a prepararse de manera real para los problemas de toma de decisiones económicas que deberán enfrentar en la vida adulta, y por ello ayuda a la transición entre la vida universitaria y laboral. […] confrontar a los alumnos con el reconocimiento de su entorno económico y social, de los problemas presentes en él y ayudarlos a construir su juicio crítico en torno a su propia actuación frente al mundo del consumo, estimula el desarrollo de un pensamiento social que constituye la base de la educación para la ciudadanía.

En Chile se ha estudiado el comportamiento económico de profesores de educación básica, encontrándose que, de la mano de un dominio precario de conceptos económicos, va una tendencia al consumo irracional[5]:

[…] “el endeudamiento” para satisfacer necesidades de consumo, es considerado como parte de un estilo de vida propio de la sociedad y de los tiempos en que les toca interactuar. Refuerza esta percepción inicial el hecho de autodefinirse como un gremio escasamente valorado por la naturaleza de sus funciones profesionales, y precariamente compensado económicamente frente al desarrollo de su ejercicio profesional. Frente a estas concepciones, el consumo es visto como un medio de auto compensación personal y de reafirmación social frente a sus frustraciones.

Es importante iniciar la alfabetización económica desde la niñez y adolescencia, pues eventualmente se insertarán en el mundo laboral y deberán tomar decisiones con respecto a sus finanzas: “La comprensión del mundo del dinero y de los mecanismos de crédito y ahorro constituyen prerrequisitos indispensables para el desarrollo de conductas económicas racionales y para evitar niveles excesivos de endeudamiento”[4].

Las investigaciones en este ámbito han llevado a generar propuestas de intervención. Pero en este punto debemos recordar que no toda la intervención le compete a la psicología. Desde ésta se investiga y se propone, pero otras entidades (escuelas, entidades de gobierno, etc.) deben retomar la información obtenida y aplicarla bajo su jurisdicción, cosa que no siempre ocurre.

En América del Sur, donde la psicología económica tiene más fuerza, las propuestas concretas de intervención que han surgido para trabajar con niños incluyen un cómic sobre educación económica[3] y programas que intentan llenar vacíos del currículum escolar[2]:

1) ¿Cuál es la edad óptima para introducir la formación económica en el currículum?
2) ¿Qué influencia ejercen la familia y los medios de comunicación en la adquisición temprana de patrones de consumo y de relación con el dinero en la infancia?
3) ¿Cuáles son las variables que deben ser consideradas en el diseño de intervenciones educativas orientadas a la educación económica en la escuela?

Finalizaremos con la descripción de nuestro programa “Yo y la Economía”, que pretende articular el currículum vigente con el logro de mayores niveles de alfabetización económica en los niños.

En El Salvador, aunque no encontramos estudios específicos, parece predominar la tendencia observada en profesores chilenos, donde el endeudamiento se considera ya una forma de vida, necesaria para la compensación de la identidad y la reafirmación social. Hay iniciativas como el blog del ahorro en un periódico nacional (que ha dejado de actualizarse pero tiene información útil), y un post escrito recientemente en otro blog salvadoreño sobre qué es y cómo funciona una tarjeta de crédito, y cómo calcular el tiempo que lleva pagarla. Además:

Es poco conocido que el Banco Central de Reserva (BCR), la Superintendencia del Sistema Financiero (SSF), la Superintendencia de Valores (SV),  la Superintendencia de Pensiones (SP) y el Instituto de Garantía de Depósitos (IGD) tienen un Programa conjunto de Educación Financiera que ayuda a la ciudadanía a enfrentar estos abusos.

El Programa de Educación financiera incluye los Beneficios de las Tarjetas de Crédito pues se  sabe que son un medio de pago práctico y con amplia cobertura, que las tarjetas son  útiles para viajar al extranjero y en casos de emergencia y que permiten construir un buen historial crediticio si se usan apropiadamente. Pero también el Programa advierte que la tasa de interés que cobran las casas emisoras de tarjetas es mayor que la de un crédito de consumo, que su utilización implica costos adicionales a las tasas de interés y que si se gasta  más de lo debido el tarjetahabiente tendrá problemas con sus finanzas personales, esto es una manera muy suave de decirlo.

También el Programa da recomendaciones como: tener solo una tarjeta y no toparla y pensárselo muy bien si le ofrecen aumentar el límite del crédito y por supuesto realizar sus pagos a tiempo y no caer en la trampa del pago mínimo y ponen un ejemplo estremecedor: si Usted tiene una deuda de $1000 dólares con una tarjeta y solamente paga el saldo mínimo puede tomarse 10.75 años en pagar la deuda, los intereses que le cobrarán serán $1,349 y  al final tendrá que pagar un total de $2,349 dólares, ¿qué tal? Si necesita más información la puede consultar en http://www.educacionfinanciera.gob.sv/

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[1] Amar, J., Abello, R., Denegri, M. y Llanos, M. (2006). Análisis de las representaciones acerca de la economía en jóvenes universitarios del caribe colombiano. Investigación y Desarrollo, 14, pp. 152-173.
[2] Denegri, M., del Valle, C., Gempp, R. y Lara, M. (2006). Educación económica en la escuela: hacia una propuesta de intervención. Estudios Pedagógicos, 32(2), pp. 103-120.
[3] Denegri, M., del Valle, C., Sepúlveda, J., Etchebarne, S. y González, Y. (2009). Súper Ecónomico. Un amigo económico. Diseño y validación de un cómic didáctico para la educación económica en la escuela. Estudios Pedagógicos, 35(2), pp. 75-90.
[4] Denegri, M., Martínez, G., Etchebarne, S. (2007). La comprensión del funcionamiento bancario en adolescentes chilenos: un estudio de psicología económica. Interdisciplinaria, 24(2), 137-159.
[5] Denegri, M., González, J. & Sepúlveda, J. (2010). Consumo y construcción de identidad en profesores de educación primaria en Chile. Investigación Arbitrada, 14(49), pp. 345-359.

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