Alcohol, agresión sexual y límites personales.

El componente esencial de toda relación sexual es el consentimiento:

Consentimiento significa que ambas partes están de acuerdo y están entusiasmadas por lo que está a punto de ocurrir. El consentimiento:

 

Dado libremente: decir sí sin presión o manipulación.

 

Entusiasta: querer hacer algo, no sentir que se está en la obligación de hacerlo.

 

Específico: decir sí a un acto (p.e. besar) no significa que se ha dicho sí a otros (p.e. sexo oral).

 

Informado: sin engaños ni mentiras. Por ejemplo, si alguien dice que usará un condón y no lo utiliza, entonces no hay consentimiento total.

 

Constante: cualquiera puede cambiar de opinión sobre lo que tiene interés en hacer, en cualquier momento.

La falta de consentimiento implica agresión sexual. Y una investigación publicada el año pasado, realizada en Canadá, resalta este tipo de agresiones en el contexto de los bares:

“Este estudio fue parte de una evaluación del programa Bares Más Seguros, un programa que desarrollamos para reducir las agresiones en los bares, primariamente las agresiones de un hombre a otro”, comenta [Kate] Graham [directora de este estudio]. “Sin embargo, cuando notamos cuánta agresión sexual ocurría, decidimos realizar análisis adicionales. Así que estos análisis de agresión sexual fueron una respuesta a lo que observamos: que fue considerablemente más de los que esperábamos”.

 

¿Líneas borrosas? Los límites sexuales no son tan borrosos.

Los autores de este estudio señalan que el contexto del bar es distinto a  otros contextos públicos. Ciertos comportamientos que ocurren dentro del primero no serían fácilmente tolerados en los segundos. El alcohol juega un papel importante, pero el grado de relación entre las personas involucradas, entre otros factores, también:

“Las agresiones en los bares probablemente involucran personas que no se conocen bien entre sí, o que no se conocen para nada”, sostiene la autora. “Esto tiene al menos dos consecuencias. Primero, los perpetradores tienden a despersonalizar y deshumanizar a la mujer a quien se dirigen. Segundo, puede llevar a que los perpetradores se sientan más ‘protegidos’, es decir, a creer que tienen pocas probabilidades de sufrir consecuencias por sus acciones”.

 

¿Líneas borrosas? Los límites sexuales no son tan borrosos.

El resultado más relevante en este estudio fue la intencionalidad de las agresiones, por encima de avances sexuales que provenían de malentendidos como, por ejemplo, no saber si la mujer tenía interés o no en continuar la interacción (las negritas son nuestras):

“Encontramos que, aunque ocurren percepciones erradas al hacer y recibir avances sexuales, especialmente en el ambiente altamente sexualizado de muchos bares, la mayoría parecía ser agresiones o acoso intencional, realizado para la entretención o gratificación de la persona que actuaba, o la entretención de sus amigos”, sostuvo Graham. “Esta interpretación es apoyada por el hallazgo de que la agresión sexual se relacionaba con el nivel de intoxicación de la víctima pero no del agresor, es decir, si el incidente tenía que ver con confusión, debería involucrar la intoxicación de ambas personas. En lugar de eso, las mujeres más intoxicadas eran vistas como blancos más fáciles de culpar, o blancos más difíciles de resistir”.

 

¿Líneas borrosas? Los límites sexuales no son tan borrosos.

En ese sentido, los hombres que cometen agresión sexual (acoso físico y verbal, tocamientos, violación) en este entorno se consideran oportunistas. Y en ellos puede entrar en juego también los estereotipos negativos de mujeres que beben:

Otras investigaciones han mostrado que las mujeres que beben con frecuencia son vistas con mayor disponibilidad sexualidad que las que no beben. También pueden ser vistas de maneras negativas o peyorativas: como “fáciles”, poco femeninas o en general que no merecen respeto, lo cual puede proveer una excusa para atacar sexualmente a una mujer.

 

¿Líneas borrosas? Los límites sexuales no son tan borrosos.

El que una mujer consuma alcohol suele considerarse una oportunidad no sólo para culpabilizarla si es atacada, si no en general para reprocharle el que no se comporte “como una dama”, lo cual “proviene de una noción conservadora que sugiere que las mujeres son o deben ser moralmente superiores a los hombres“.

En conclusión, algo que ya se sabe, o debería saberse: la agresión sexual no es culpa de la víctima. El alcohol es una especie de “lubricante social” que inhibe ciertas conductas, y su consumo en exceso pone en riesgo el bienestar de cualquier persona, a corto y largo plazo. Pero en términos de sufrir una agresión sexual, una persona en estado de ebriedad no será víctima siempre que otras personas decidan no sobrepasar sus límites personales. Aquí entran en juego, más que el alcohol, factores del entorno y procesos cognitivos como atribuciones y estereotipos de género. La violencia sexual, como hemos dicho antes, más que una cuestión de sexo, es una cuestión de poder (y, aunque ocurre con más frecuencia y es más visible en mujeres, puede ocurrirle a cualquier persona, hombre o mujer).

De la investigación de Graham se derivan acciones para contrarrestar las agresiones sexuales en establecimientos donde se consume alcohol: establecer explícitamente -por escrito, visible a clientes- lineamientos que indiquen que comportamientos agresivos (y cuáles exactamente) no serán tolerados y las personas que los cometan serán expulsadas; y entrenamiento del personal que atiende, desde advertir la situación hasta expulsar a quienes causen problemas.

Los cambios también deben ocurrir a nivel social, agrega [la co-investigadora Jeanette] Norris. “Debe haber un mensaje claro hacia los hombres sobre lo inapropiado de toda clase de agresión sexual. Además, las mujeres deben trascender mensajes que hayan recibido a lo largo de su vida, sobre tener deferencia hacia otros o no querer avergonzar a nadie o ‘causar una escena’. Las mujeres deben aprender a levantar la voz cuando sea necesario, a reconocer que un hombre sexualmente agresivo tiene un problema, y que la responsabilidad debe ser de él para detener su propio comportamiento inaceptable”.

 

¿Líneas borrosas? Los límites sexuales no son tan borrosos.

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