Nuestro quehacer: cambio y liberación – colaboración

El 10 de octubre celebramos en El Salvador el Día del Psicólogo y la Psicóloga. También celebramos el Día de la Salud Mental, y no se nos escapa la ironía de que esta fecha pasa de largo, sin pena ni gloria, para las grandes mayorías. Para quienes somos del gremio, esta fecha es una oportunidad de celebrar y, sobre todo, de reflexionar sobre nuestro quehacer como profesionales en psicología en El Salvador.

En esta línea, reproducimos (con permiso de sus autores) el discurso elaborado por los estudiantes Manuel Escalante y Óscar Ayala, para el Festival Catártico, una celebración que realizan cada año los y las estudiantes de psicología de la UCA.  Este llamado no es únicamente para quienes estudiamos y ejercemos esta profesión. Es para que todos y todas recordemos que, desde nuestra trinchera particular, tenemos una tarea que cumplir.

“Estimados colegas:

El día de ahora celebramos el hecho histórico de que ustedes hayan terminado casi por completo este gran proceso, pero déjennos decirles que esto no es lo último. Hasta el día de hoy se han ganado el derecho de comenzar, este más que un fin es el inicio. Ver para atrás solo se les es permitido para recordar lo que fueron y cada día trabajar para ser mejores. Para nuestros compañeros, compañeras, colegas, amigos y amigas estas son unas palabras, no de despedida, sino más bien para recordar las verdaderas razones históricas de nuestro que hacer científico, en nuestra realidad latinoamericana.

La Psicología es la rama de la ciencia que se encarga de estudiar, comprender, predecir y modificar el comportamiento humano, pregonan los libros. Son estas un par de líneas que conocemos a la perfección, palabras más, palabras menos, es momento de preguntarse si es en realidad esto es la psicología, y más au,n si la psicología se limita a ello.

El hacer psicología es más que la utilización de ciertas técnicas para obtener cambios en los seres humanos; más que el aplicar una prueba de inteligencia, que introducir algunos números en una computadora y luego analizarlos; aunque esto sea muy necesario en nuestro que hacer, la psicología abarca más, se puede resumir talvez en dos palabras clave: la psicología es significado de liberación y cambio.

¿Liberación de que? De todo aquello que oprima y deshumanice y por tanto esclavice y aliene a las personas en ideologías recalcitrantes a su humanidad; de todo aquello que aplaste el Nosotros para levantar al “yo”; de aquello que sirva para etiquetar de raro y anormal a los demás por la simple razón de ser diferentes; de todo lo que no nos permita pensar y ser críticos y que nos obligue a resignarnos. Que eso es cosa de otros, pues no, limitarnos científicamente es lo más absurdo que un académico puede hacer. Que uno no puede cambiar al mundo, esa es la mentira más barata del mercado de los engaños. Que es voluntad divina que las cosas se den en un orden determinado y que unos vivan jodiéndole la vida a otros, ya no. Es momento pues de mandar al carajo ya al fatalismo y el conformismo, mecanismos que el poder mismo se ha encargado de implantarnos, y los cuales, ha hecho que los aceptemos como nuestras realidades científicas.

En 1492, un ignorante pensó que había descubierto la India. El muy despistado descubrió el continente más bello y hermoso jamás antes visto. Latinoamérica, nuestra Latinoamérica, desde entonces fue maniatada y encarcelada. ¿Qué que hay que liberar? pues a nosotros mismos, a todas y todos los latinoamericanos.

Privados de nuestra cultura, con un implante ideológico, que hasta el día de hoy sigue dictándonos que es mejor desechar lo nuestro para consumir lo de afuera; que permitió que por medio de la categorización del ellos y nosotros no podamos ver que desde México hasta la Patagonia simplemente somos un mismo pueblo. Que hizo que nos avergonzáramos de nuestro linaje indígena puro y real, negando el avanzado intelecto de nuestros antepasados en muchas ciencias. Que asesinó en la mayoría de casos a los dioses de nuestros ancestros para presentarnos a uno tan violento que día a día pedía más sangre y oro del que se le podía dar. En fin, que destrozó las normas mas básicas de nuestras razas, el respeto a la tierra, a uno mismo y sobre todo al prójimo, y que desde entonces somete a las mayorías, trascendiendo esto la historia y permitiendo que se repita en aquellos lugares en donde los responsables del verdadero cambio seguimos dormidos. Los responsables de la liberación, mis estimados, somos nosotros. Tenemos trabajo, hay que desatar a tanto pueblo el cual por momentos a probado tristes y cortos ensayos de libertad, pero en la mayoría de casos ha vivido en desventajas humanas las cuales no son responsabilidad de nadie más que de todos.

Hoy los que están sentados aquí enfrente, la mayoría han adquirido conocimiento que es sinónimo de poder formador y trasformador, para ayudar a dicha tarea (la liberación). El reto es ¿lo harán? ¿O repetirán un ciclo más en el cual les recordamos que pueden recibir el aval para ser licenciados en psicología, o trascender a la historia y ser psicólogos y psicólogas de verdad? O mejor, y a eso los invitamos, empezar un largo y duro proceso de cambio, que si se bien tardara, estamos más que seguros se puede dar.

Para su asombro, hay una receta muy fácil pero complicada para los conformistas: primero está el deseo de cambiar. Para empezar, nosotros mismos desideologizarnos y quitarnos todas aquellas cadenas culturales, sociales y individuales que no nos permiten movernos al puesto de los demás, para entender su percepción de las situaciones, derribar día con día todos los prejuicios que se ha encargado sutilmente la educación y los medios de comunicación de que aprendamos, para no poder ver la magia del pensar y el sufrimiento de nuestro pueblo, y que hacen que por cualquier mecanismo de defensa tratemos de dar explicaciones lógicas a los problemas que acosan a nuestra gente reduciendo, como decía Martin Baró, solamente a lo psicológico o solamente a lo social; situaciones que se dan en ambas dimensiones y que el actuar solo en una de estas, no hacemos mas que puro intervencionismo reduccionista, es decir, poco de lo que se debería hacer si no es que nada.

Luego, hay que leer para ser libres y conocer. Aprender todo aquello que permita hacer un mejor trabajo con los demás; teorizar y saber defender nuestras hipótesis a través de la ciencia del que hacer liberador. No conformarnos nunca y mucho menos sentirnos felices con una buena nota si en el fondo sabemos que no hemos comprendido nada, y más aun, que eso que para nosotros es aprendizaje no lo podamos poner en practica nunca.

Queridos colegas, el camino es, como ya se mencionó, largo. Pero déjennos decir que aquí muchos estamos esperando nuestro turno histórico para incorporarnos a estas filas revolucionarias de cambios. No sientan miedo pues hoy y nunca, no estarán solos. Eso sí, su momento es hoy, así que es también adecuado el decirles: empiecen y no paren, la palabra “retroceso” debe estar desde ahora en los museos de nuestra lingüística, el conformismo en cualquier esfera de nuestras vidas y la suyas, no debe ser sino la marca del camino el cual la historia les clama a gritos ya no seguir.

Cada uno de nosotros puede hacer la diferencia desde las trincheras profesionales que elijan, y como decía el padre Martín-Baró, la psicología de la liberación no solo se limita a la rama social sino que se puede liberar desde cualquier otra ( llámese clínica, educacional, organizacional, comunitaria),  para eso son libres. Únicamente cabe hacer la pregunta ¿ a quien le van a servir? ¿A quien se deben? ¿Al pueblo, a la gente, al ser humano o al poder y a un estilo de vida importado el cual te dice que si no ganas bien haciendo lo que no te gusta no eres?

Hacer psicología es una responsabilidad enorme, todos afectamos a todos, somos un mismo pueblo, todo lo que hagan afecta en gran manera a los demás el pensar lo contrario es lo mas egoísta que podría existir. ¿Estamos dispuestos a asumir la responsabilidad que implica el pensar que pasamos por este mundo tratando con gente, viviendo y ayudando a vivir, y pensar que nada de lo que hacemos genera un cambio histórico? Démonos cuenta del potencial que tenemos como agentes de cambio. El tocar a una persona, el ayudarle a mejorar sus condiciones de vida, aligerar la carga de sus sufrimientos no es un hecho aislado, es más bien algo que genera una cadena de cambios, cambios que para muchos son invisibles, pero de todas maneras cambios significativos. Cambios que deben de tener como un último objetivo liberar al ser humano, que humanicen y unan a todos nuestros hermanos latinoamericanos, que empujen al bien común, desde una nueva ideología; la ideología del todos, que no oprima que permita ser y dejar ser, que acepte que la diversidad es lo natural y que tenga como ejercicio el pensar y tener conciencia propia.

Estas palabras son una invitación, a los compañeros que terminan esta etapa y a todos lo que seguimos formándonos, a no olvidar nunca que en nuestras manos está el alzar la voz, denunciar lo que vemos, defender lo que creemos y buscar siempre el bienestar de las mayorías. Si el mundo consigue alguna vez ser mejor – y esperemos que sí- habrá sido por todos nosotros y nosotras. Seamos orgullosos y conscientes de nuestro papel en la historia. Porque hay casos en los que la humildad ha dejado de ser buena consejera.

Pero, ¿como saber si vamos haciendo bien lo que esta noche les planteamos? Esto es fácil. Seremos rechazados, estigmatizados, perseguidos, marginados, tratarán de silenciarnos, intentarán desprestigiarnos, o en el mejor de los casos, de hacernos invisibles como ha sucedido históricamente…pero sobre todo, nos llamarán locos.

¿Qué estamos locos dicen? Pues sí, somos los más locos de todos, los que defienden una causa para muchos perdida, los que todavía nos fijamos en lo que para otros son pequeñeces, y nos inspiramos y tomamos fuerzas del pasado, los que todavía nos damos el privilegio de sentir, y cometemos el pecado de pensar y tenemos la maldita manía de no olvidar. Pues aceptemos nuestra locura, y cambiemos este mundo, donde los locos somos muchas veces los más funcionales.

El que salga con una cadena cognitiva menos esta noche, lo invitamos a seguirse revolucionando, porque desde que despertamos personalmente de nuestro letargo de conformismo estamos dispuestos a pujar hasta que nuestras fuerzas dicten por ser diferentes. Que todavía nos falta, pues sí, todavía nos falta pero ahí vamos. Siempre hay que ir por el mundo curioseando, pidiendo razones, cuestionando el porqué y cómo, criticando y construyendo.

Los invitamos esta noche a todos y todas a seguir escribiendo la historia de nuestros pueblos, a comenzar a trasformar realidades y ha seguir siendo tejedores de sueños.

Por lo demás no resta más que decir: gracias totales. Lo demás es silencio”.